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La restitución de tierras en Colombia, una oportunidad para el campo

Llevar agua, electricidad y pavimentar las carreteras rurales son acciones vitales para hacer que las tierras de Córdoba, norte de Colombia, sean más productivas.

Los campesinos piden al nuevo gobierno de Colombia, posesionado el pasado 7 de agosto, que les cumpla las promesas que les hizo el Estado. Foto: Agencia Anadolu

Nelly Madrid afirma que las mujeres campesinas son dueñas de un pedacito del Nobel que se ganó el ahora expresidente Juan Manuel Santos por el proceso de paz en Colombia. Miles de mujeres que, como ella, perdieron esposos, padres, hijos y tierras en el conflicto armado.

Nelly es cabeza de hogar de una de las 110 familias que fueron restituidas en la hacienda de Cedro Cocido, a 45 minutos de Montería, al norte de Colombia. Grupos armados secuestraron y mataron a su papá, desaparecieron tanto a su esposo como a su yerno y, finalmente, la obligaron a dejar su tierra.

“A nosotros nos tocaba irnos de nuestras tierras dejándolas llenas de cultivos y los patios llenos de animales. Nos fuimos con las manos vacías”, afirma Nelly con la voz entrecortada.

Su historia cambió cuando se convirtió en propietaria de su lote en Cedro Cocido. Llamó a su tierra 'La ponderosa' y cada vez que la presenta enfatiza que es “la más hermosa”.

Pero tanto Nelly como los demás campesinos restituidos en Cedro Cocido explican que aún falta que el gobierno departamental y nacional les cumpla la promesa de ponerles agua, electricidad y mejore las vías de ingreso a la hacienda para que 'La ponderosa' y las demás tierras puedan ser más productivas.

Los campesinos piden al nuevo gobierno, posesionado el pasado 7 de agosto, que les cumpla la promesa que les hizo el Estado: no solo devolverles sus tierras, sino garantizarles que nunca, ni por violencia ni por hambre, se tengan que ir.

Las tierras mal vendidas

El despojo que vivieron los campesinos en Córdoba fue parte de uno de los episodios más violentos en la historia reciente de Colombia. Por eso la restitución y reparación a las víctimas de ese departamento es un caso emblemático en el país.

Córdoba fue el hogar de la familia Castaño, creadora de diversos grupos paramilitares que delinquieron en el occidente del país con apoyo de empresarios, narcotraficantes y políticos.

En 1994 se consolidaron militarmente las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) que realizaron masacres, asesinatos selectivos de líderes sociales y otros actos de terror.

Antes de su desmovilización en 2005, las ACCU - AUC se tomaron entidades públicas, eligieron políticos y coparon las instituciones en ese departamento.

Nelly aún recuerda cómo los violentos les decían a los campesinos: “vende usted o le compramos a la viuda”.

“El miedo no nos dejaba comer”, explica. Muchos campesinos mal vendieron sus tierras por menos de un tercio de su valor y se fueron.

Los que no lo hacían aparecían descuartizados flotando por el río Sinú o simplemente nunca se los volvía a ver.

La desmovilización de las AUC permitió que se empezara un proceso de restitución de tierras en Córdoba.

“El principal reto para la restitución en este departamento era intervenir una zona en la que hubo una alta presencia de grupos paramilitares. Aquí nació la ‘Casa Castaño’, promotora de grandes escenarios de despojo y abandono de tierras”, explica Álvaro Tapia, director territorial de la Unidad para la Restitución de Tierras en Córdoba.

La restitución llegó a Cedro Cocido en 2013. “Oímos por televisión que había una oportunidad de recuperar nuestras tierras. Mis padres metieron los documentos y al poco tiempo nos dijeron que podíamos regresar a nuestras tierras y con garantías de no repetición que fue lo más importante”, narra Rafael Álvarez, quien ahora lidera la asociación de productores de leche cruda y refrigerada que montaron los campesinos restituidos.

La restitución ha logrado devolver 658 hectáreas de las 1.410 que tiene la antigua hacienda de Cedro Cocido. Más de COP 2.8 mil millones han sido invertidos en ganado, adecuación de predios y mantenimiento de la tierra para las 110 familias.

Al proyecto se unieron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Embajada de Suecia, entre otras.

Con esfuerzos conjuntos, los campesinos pudieron tecnificarse en ordeño y otras actividades productivas para hacer que sus parcelas les den para comer, educar a sus hijos y crear empresas agrícolas sostenibles.

El campo es un buen negocio

Nelly sueña con crear una dulcería con productos típicos de Córdoba y Rafael con exportar productos lácteos a diferentes países. Pero para eso hace falta que Cedro Cocido tenga acueducto, servicio de electricidad y una carretera apta para que los carrotanques puedan recoger la leche.

Esos elementos quedaron consignados en la sentencia que emitió el juez de restitución de tierras en 2013 y son vitales para cumplir la promesa que les hizo el Estado de que la pobreza y violencia que vivieron no se repetiría.

“La restitución de tierras es también una política agraria. Tiene que ver con la economía regional y rural”, afirma Tapia.

Las familias que ya tienen sus tierras saben que son poseedores de una inmensa riqueza y esperan que se les entreguen las herramientas mínimas para producir y crear empresas agrícolas.

“El campo es un buen negocio. Si uno trabaja duro y es organizado con sus gastos puede vivir bien con lo que la tierra da”, afirma Rafael.

Probarle a las siguientes generaciones que el campo es un buen negocio es vital para evitar que los jóvenes no vean a las economías ilegales y grupos armados como una oportunidad de vida.

El posconflicto trajo una disminución de la actividad de paramilitares y guerrillas, cuenta Tapia, pero se ha notado el resurgimiento de las bandas criminales que se han apoderado de territorios que antes eran ocupados por paramilitares. “Hoy en día el caldo de cultivo son los jóvenes”, explica.

Aún faltan cientos de familias por restituir y miles de hectáreas por entregar. Las víctimas de Montería ven la restitución como una oportunidad de reiniciar sus vidas y convertirse en un motor de progreso en Córdoba.

La carretera que piden los campesinos de Cedro Cocido es necesaria para sacar adelante su empresa de productos lácteos, pero además representa el cumplimiento del Estado hacia las víctimas y una oportunidad para las 110 familias, sus hijos y nietos.