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El "maná olímpico" del 92 sigue regando la proyección mundial de Barcelona

El "maná olímpico" sigue regando de oportunidades Barcelona 25 años después de su celebración, ya que los Juegos Olímpicos no solo transformaron el urbanismo de la ciudad, que se abrió al mar y vertebró sus barrios, sino que generó un modelo de proyección internacional a nivel económico y cultural.

Leandro Lamor

Barcelona, 18 jul (EFE).- El "maná olímpico" sigue regando de oportunidades Barcelona 25 años después de su celebración, ya que los Juegos Olímpicos no solo transformaron el urbanismo de la ciudad, que se abrió al mar y vertebró sus barrios, sino que generó un modelo de proyección internacional a nivel económico y cultural.

Los Juegos de Barcelona tuvieron un impacto económico global del orden de 34.000 millones de euros, según un informe del Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad de Barcelona que se publicó en su día a los 20 años de la cita, pero, más allá de las grandes cifras, el impacto cualitativo ha sido continuo desde entonces.

Antes de 1992 Barcelona no estaba situada entre las ciudades preferidas para hacer negocios -en 1990 era la undécima de Europa, según un estudio de la consultora Healey & Baker- pero 25 años después se mantiene permanentemente en el "top 10" europeo, incluso en posiciones cercanas al liderazgo continental.

Si bien ya en los años noventa la capital catalana era conocida por su tradición en ferias y congresos, hoy día ocupa el tercer puesto mundial en turismo de reuniones y vinculado a eventos, con un impacto que el ente Barcelona Turisme Convention Bureau valora en más de 1.500 millones de euros.

Con el Mobile World Congress a la cabeza, Barcelona se ha convertido en estos 25 años en sede puntual o estable de eventos mundiales como el Festival Primavera Sound, el Sónar y congresos de referencia médica, como el europeo de cardiología.

Desde hace diez años el Mobile es el congreso de referencia de la ciudad, uno de los salones más codiciados por las principales ciudades del mundo, ya que no solo atrae congresistas, sino que abre oportunidades a proyectos de economía emergente, y que supone un impacto de 460 millones de euros y 13.000 empleos para la ciudad.

Pero el efecto olímpico no solo se ha traducido en oportunidades económicas y culturales, sino que también ha transferido a la capital catalana una proyección a nivel institucional, como ser la sede permanente del Secretariado de la Unión por el Mediterráneo.

Y en esa senda se enmarca la actual apuesta, que al igual que los JJOO de 1992 ha vuelto a concitar un total consenso político, por acoger la sede de la Agencia de Medicamentos, actualmente ubicada en Londres y afectada por el Brexit.

También en estos 25 años el conocimiento derivado de la organización de unos Juegos Olímpicos se ha traducido en la acogida de pruebas deportivas de primer orden, como campeonatos europeos y del mundo de atletismo, natación o balonmano.

Sin embargo, el éxito de Barcelona 92, estudiado por todas las ciudades que posteriormente aspiraron a unos JJOO, no pudo reproducirse ni en participación ni en la "magia" de conexión ciudadana con ocasión del Fórum de las Culturas de 2004, aunque permitió abrir urbanísticamente la ciudad hacia el norte.

Uno de los efectos más tangibles del "maná olímpico" fue situar el mapa de Barcelona en el punto de mira de los operadores turísticos internacionales,

Desde 1992 la oferta de alojamiento se ha multiplicado por cuatro, pasando de poco menos de 120 hoteles en 1990 a 420 en 2014 y, según datos de Turismo de Barcelona, si en 1990 la ciudad recibía 1,7 millones de personas con 3,7 millones de pernoctaciones, en 2016 se superaron los 9 y 29 millones, respectivamente.

Asimismo, en estos años se dio la vuelta a la tradicional tendencia de una mayoría del turismo de negocio sobre el vacacional y Barcelona se convirtió en el primer destino español en turismo de ciudades.

Este fenómeno, no obstante, aparte del beneficio económico, ha suscitado que el turismo y su impacto sobre la ciudad se haya convertido por sí mismo en un tema de debate social y político.

En estos 25 años se ha pasado así de la Barcelona de los chiringuitos a la de las terrazas de hoteles de lujo, de la Barcelona del turismo de corbata y maletín al turista vacacional, de los viajes de fin de curso a la ciudad de acogida de erasmus y de visitantes de festivales como el Primavera Sound.

Si en 1992 una de las imágenes más icónicas fue el perfil de la Sagrada Familia mientras los saltadores de trampolín se ejercitaban, Barcelona se ha convertido, literalmente, en un plató cinematográfico de películas y anuncios publicitarios, e incluso es una de las pocas ciudades europeas que ha protagonizado uno de los filmes del célebre director Woody Allen.

En todo caso, Barcelona se ha convertido en una ciudad de moda en los parámetros mundiales tanto turísticos como económicos, así como de atracción de talento para empresas y universidades, ingredientes que no iban incluidos en la nominación olímpica de 1986, pero que sí forman parte, en buena medida, de su legado. EFE

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