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Identifican los últimos dos cuerpos de víctimas del incendio de sede del Flamengo

El hecho dejó a diez menores muertos, tras el incendio generado en el alojamiento del club más popular de Brasil.

Incendio en Brasil. Foto: Agencia EFE

Los peritos del Instituto Médico Legal de Río de Janeiro lograron identificar este domingo los restos de las ultimas dos víctimas del incendio desatado en un alojamiento del Flamengo, que segó la vida de diez jóvenes futbolistas.

El propio club informó de que los restos de Jorge Eduardo dos Santos Pereira Dias y Samuel Thomas de Souza Rosa sólo pudieron ser diferenciados por los especialistas mediante exámenes forenses en los que fue comparado el tamaño de sus estructuras óseas.

La identificación de los fallecidos, que fueron trasladados al Instituto Médico Legal el mismo viernes, poco después de sofocado el incendio, se dificultó por el alto grado de carbonización de los restos, que ardieron a una altísima temperatura.

Todos los fallecidos tenían entre 14 y 16 años y jugaban en las divisiones inferiores del Flamengo, el club más popular de Brasil.

El desastre dejó también tres heridos que siguen hospitalizados.

Uno de ellos, Jhonatan Cruz Ventura, de 15 años, continuaba este domingo en estado grave, mientras que los otros dos podrían recibir el alta en los próximos días, según los médicos que les atienden.

El incendio se desató la madrugada del pasado viernes en uno de los alojamientos del Ninho do Urubu, un moderno centro de entrenamiento que el club posee en Río de Janeiro.

Según los bomberos, la causa habría sido un cortocircuito en un aparato de aire acondicionado, aunque la sospecha sólo se confirmará una vez que concluya la investigación.

El Flamengo informó sobre la identificación de las últimas dos víctimas unas horas después de que fueron sepultados los restos de Christian Esmerio, un prometedor portero fallecido también en el incendio.

Esmerio tenía sólo 15 años, ya había sido convocado para las selecciones juveniles de Brasil y a su funeral asistieron cientos de personas, muchas arropadas con las banderas del Flamengo, cuyo himno fue cantado cuando el ataúd era depositado en el cementerio de Irajá, un empobrecido barrio de la zona norte de Río de Janeiro