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La iglesia católica de Panamá exige resolver "todos" los casos de corrupción

Clamor porque se lleve a la justicia "a todos" los acusados de corrupción en Panamá para "conocer la verdad", hizo el arzobispo panameño, José Domingo Ullua.

Iglesia Católica . Foto: Getty Images

Pidió a los jóvenes su apoyo de cara a la Jornada Mundial de la Juventud 2019 en su país. "Nuestro país continúa herido por la corrupción, la falta de justicia expedita y de una justicia para algunos e injusticia para otros", denunció el prelado ante los miles de feligreses congregados en el estadio nacional Rommel Fernández, incluido el presidente panameño, Juan Carlos Varela.

El purpurado enfatizó que "no se puede tolerar más. Es imperante que los casos de corrupción sean llevados a juicio para conocer la verdad, debemos saber sin duda alguna si quienes son acusados son culpables, o no".

El gobierno de Varela presentó desde hace tres años unas 200 denuncias contra decenas de exfuncionarios por diversos casos de corrupción, que sumarían miles de millones de dólares, pero son pocos los que la justicia ha resuelto por diversas razones.

La lista es encabezada por el expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014), del que Varela fue su vicepresidente, y que está preso en Estados Unidos en espera de su extradición a Panamá por un caso de interceptación de comunicaciones privadas.

"También urge que quienes ostentan el poder en sus diversas manifestaciones, se empinen sobre sus intereses personales, de partidos o ideologías, para rescatar la dignidad de nuestro pueblo que se ve pisoteada cada día con los escándalos de corrupción, con la ausencia de una sólida institucionalidad y de un desarrollo económico inclusivo, que permita a todos oportunidades de una vida digna", acotó Ulloa.

El prelado se dirigió a la joven feligresía para decirle que "y es aquí, donde los cristianos vamos a medir si somos o no de Cristo. La Iglesia en salida nos coloca a todos a salir a defender la dignidad de la vida, la convivencia armónica sin exclusiones, y espacios de oportunidades para todos, especialmente para los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad".

"Sabemos que no es fácil, porque hay profundas heridas sociales, que ha incrementado la desconfianza entre todos. En un país mayoritariamente cristiano, les hablo a cada uno de ustedes cristianos que convivimos en esta tierra...: demos el primer paso para abrirnos a la realidad del perdón como expresión de reconciliación política y ciudadana", apostilló. Ello debe ser así, según el arzobispo, "para que las confrontaciones y el clientelismo político no sean los que dominen las decisiones y los destinos de nuestro pueblo. Ya vemos los efectos negativos de dejar todo en manos de unos pocos con mucha sed de poder y poco compromiso de servir a la gran mayoría necesitada de posibilidades para salir adelante", acotó sin identificar a nadie.

"Llegó la hora de clamar y exigir honestidad, transparencia en la cosa pública; de una ética y moral, especialmente de quienes tienen las responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales, religiosas, en las comunicaciones", continuó el prelado en su larga homilía. Enfatizó en que "no podemos ser actores pasivos, la fuerza está en nuestras manos, y si somos capaces de exigir todo estos unidos, y trabajar juntos para conseguirlo, podemos lograr un mejor Panamá".

Ulloa también reclamó "con dolor" la "solidaridad y justicia" para la población de la provincia caribeña de Colón, la segunda en producir riqueza al país, pero abandonada por la "indiferencia" de gobiernos sucesivos y "de todos" los demás panameños.

"Quiero expresarle a su obispo, mi hermano en el episcopado, (Manuel Ochogavia) y a todos nuestros hermanos y hermanas de Colón que no están solos, cuentan con nuestra solidaridad y la fuerza que nos da la confianza puesta en el que todo lo hace posible, Jesús, Nuestra Pascua", exclamó y rechazó "justificar la economía de la inequidad".

La sociedad organizada de Colón se prepara para una nueva huelga general esta semana, la segunda este año, para obligar al gobierno a confirmar por escrito sus promesas de mejorarle la calidad de vida sin desalojarlos de sus viviendas.