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Marruecos quiere acabar con la pobreza inspirándose en India, según ministro

Javier Otazu

Javier Otazu

Rabat, 29 ene (EFE).- El gobierno marroquí prepara un ambicioso plan para terminar con el sistema actual de subvenciones a productos básicos y pasar a un modelo que combata específicamente la pobreza, inspirándose en el modelo puesto en marcha en la India con tarjetas biométricas.

Según reconoce en una entrevista con Efe el ministro de Asuntos Generales, el islamista Lahcen Daudi, encargado de gestionar la "patata caliente" del desmantelamiento de las subvenciones, "actualmente hay un desorden total" y "mala gestión" en las políticas asistenciales.

Hace dos semanas, el ministro provocó un mini escándalo en el Parlamento al abrir una bolsita de azúcar monodosis y derramarla al suelo delante de los diputados, para denunciar un sistema que beneficia injustamente por igual "a los hoteles de cinco estrellas" y a los más pobres.

A precios de hoy en día, el Estado marroquí paga un tercio de cada kilo de azúcar y 60 de cada 100 dirhams del precio real de una bombona de gas butano, con la que la mayoría de hogares marroquíes cocina a diario y se calienta en invierno, además de subvencionar la harina con la que se fabrica el pan y el cuscús en ciertas regiones rurales.

Este año, se prevé que las subvenciones a estos tres productos cuesten al Estado 13.000 millones de dirhams (unos 1.200 millones de euros), una cifra en aumento en los últimos dos años por culpa del alza internacional de los hidrocarburos.

El Partido Justicia y Desarrollo (islamista) al que pertenece Daudi, que dirige el gobierno desde 2011, se atrevió hace tres años a retirar las subvenciones a los combustibles de automoción (gasolina y gasoil) aprovechando un ciclo bajista del petróleo, y con ello redujo el déficit del Estado a la mitad, sin provocar los temidos desórdenes sociales.

Ahora, reconoce Daudi, el reto es unificar todos los servicios asistenciales como las subvenciones alimentarias, la ayuda monetaria a las viudas y a los estudiantes, los programas de apoyo escolar "Tayssir" o el servicio médico básico para los pobres "Ramed", para llegar a una paga única que se entregará a los más pobres según sus necesidades.

Para ello, Marruecos ha decidido copiar "adaptado a la realidad marroquí" el modelo de las "tarjetas inteligentes" aplicado en la India.

Estas tarjetas, que se entregan a todas las familias que las soliciten, incluyen datos biométricos (se leen mediante las huellas digitales o el iris ocular) y contienen la información necesaria para identificar el grado de pobreza de una familia.

Armado de una de esas tarjetas, el usuario entra en un comercio cualquiera de barrio donde se ha establecido un lector de tarjetas y tiene derecho a comprar productos básicos a un precio muy subvencionado; de este modo, el producto barato ya no beneficia a los más pudientes sino solo a los que realmente las necesitan.

Durante 2019 el Estado instalará toda la tecnología necesaria -muy barata, precisa Daudi-, incluirá el nuevo modelo en los presupuestos y en 2020 ya estará operativo, promete el ministro.

El millón estimado de familias marroquíes pobres de solemnidad, que por lo demás están perfectamente identificadas desde el último censo de 2014, tendrán además unas ayudas en efectivo que podrán llegar a los 1.500 dirhams mensuales (unos 135 euros), una cifra significativa en las regiones rurales, donde se concentra la pobreza.

Daudi reconoce que las clases medias-bajas también van a sufrir por el desmantelamiento de las subvenciones actuales, y señala que las tarjetas igualmente están pensadas para ellas, pues recibirán unas ayudas de menor cuantía pero les permitirán acceder a los productos básicos a precios baratos.

El ministro precisa que el gobierno está recibiendo en sus planes la asistencia financiera y técnica de la Unión Europea (UE), el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), UNICEF y el Banco Mundial (BM), instituciones con las que se reúne con frecuencia para perfilar los detalles del nuevo modelo.

Si todo el gobierno (compuesto por una coalición de seis partidos) está de acuerdo en la filosofía y en el "modelo indio", todavía falta por consensuar la masa monetaria que se dedicará al nuevo servicio asistencial.

Daudi cree que la sociedad marroquí va a aceptar de buen grado el nuevo sistema: "No hay resistencia social en este momento", asegura, pese a los repetidos casos de protesta surgidos en regiones rurales de Marruecos por la falta de empleos y de servicios básicos.

Reconoce, eso sí, que el acceso al agua y la creación de empleos son las dos asignaturas pendientes que pueden hacer que todos los nuevos planes se coronen o no con éxito y permitan a Marruecos abandonar el tren de los países pobres. EFE