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Miedo e incertidumbre, el éxodo de los nicaragüenses hacia Costa Rica

Alrededor de 24.000 nicaragüenses han viajado a Costa Rica en busca de asilo, de acuerdo con Acnur.

Migrantes nicaragüenses en el Centro de Atención Temporal de Migrantes (CATEM), en la ciudad de La Cruz, Costa Rica. Foto: Agencia Anadolu

Por: Wilfredo Miranda Aburto

Freddy Mondragón Benavidez y su grupo estuvieron perdidos tres días entre los naranjales de Nicaragua y Costa Rica. El 15 de julio, un día después de que su tranque (barricada) fuera demolido por la Policía Nacional y fuerzas paramilitares del gobierno de Daniel Ortega, decidieron huir de su natal departamento de Río San Juan. Las tropas armadas iniciaron una fiera persecución contra los rebeldes que, sin armas, se alzaron contra la administración Ortega.

Después de que cruzaron el fronterizo río San Juan, anduvieron varios días desconcertados. Bebían aguas de los caños y comían naranjas, porque de Nicaragua huyeron sin nada. “Si no salíamos de inmediato nos mataban”, dice Mondragón Benavidez, un campesino de semblante severo.

El grupo de siete hombres llegó a un “punto ciego” conocido como Cuatro Esquinas. Cruzaron el 18 de julio, un día antes de que Daniel Ortega celebrara el 39º aniversario de la Revolución Sandinista y declarara que era víctima de “un golpe de Estado” a manos de estos hombres y jóvenes a quienes, semanas después, señalaría de “terroristas”.

Mondragón Benavidez es uno de los alrededor de 24 mil nicaragüenses que han viajado hacia Costa Rica en busca de refugio desde abril pasado, cuando estalló la crisis sociopolítica, de acuerdo con cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Costa Rica ha mantenido una política de puertas abiertas para los nicaragüenses que huyen de la crisis económica y la persecución política. Cuando el campesino Mondragón Benavidez se supo en territorio costarricense, de inmediato se entregó a las autoridades migratorias. Fue trasladado a uno de los dos Centros de Atención Temporal para Migrantes (Catem) instalados para socorrer a quienes llegan huyendo de Nicaragua.

Los nicaragüenses refugiados deben llegar hasta San José, la capital de Costa Rica, para empezar el trámite de asilo. El proceso suele tardar entre uno y dos años. Sin embargo, mientras se completa, pueden permanecer de forma legal en suelo costarricense.

Las autoridades migratorias de Costa Rica no saben a ciencia cierta cuántos nicaragüenses han ingresado a su país en los últimos cuatro meses, porque su conteo se limita a los puntos fronterizos habilitados legalmente. No obstante, la marea de refugiados durmiendo en los parques de San José y que ha atizado la xenofobia, dan cuenta de la magnitud del éxodo.

La Dirección de Migración y Extranjería de Costa Rica recibía por mes, en promedio, entre 60 y 120 solicitudes de refugio. Pero ese número ha sido dinamitado en los últimos meses por la llegada de nicaragüenses. Solo en junio de este año, Costa Rica recibió 5.200 solicitudes.

Rodrigo Alberto Carazo, embajador de Costa Rica ante la ONU, dijo que la crisis nicaragüense ha tenido “graves” afectaciones para ellos en “aspectos migratorios, sociales y económicos”. Las declaraciones las dio en la reunión informativa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde el gobierno de Daniel Ortega alegó que la crisis “no era un riesgo para la seguridad regional ni del mundo”.

“La profundización de la crisis política, social y económica en Nicaragua, la represión y el irrespeto a las libertades fundamentales y los derechos humanos por parte de las autoridades tienen el potencial para una crisis de escalamiento ilimitado, con impacto directo en la estabilidad y devenir del desarrollo de Centroamérica”, dijo Carazo.

La principal parte del éxodo ocurre en los denominados “puntos ciegos” de frontera. “Estudiantes, doctores, gente de todo tipo huye de Nicaragua para que la Policía no los agarre”, dijo a la Agencia Anadolu un 'coyote', que cobra entre USD 60 y USD 80 por persona para cruzar hacia territorio costarricense.

“Nosotros pensamos primero en la seguridad de nosotros, porque si nos agarraban en Nicaragua nos podían desaparecer entre esos naranjales”, aseguró Mondragón, refiriéndose a las fuerzas armadas oficiales y paramilitares de Ortega.

Efectivos del Ejército de Nicaragua han reforzado estos “puntos ciegos” y mantienen lista en mano para cazar a los considerados “terroristas”. En la frontera de Peñas Blancas, el Ejército ha capturado a diversos líderes ciudadanos que huyen hacia Costa Rica, entre ellos Cristhian Fajardo y el coronel en retiro Carlos Brenes, ahora considerados dos de los 400 presos políticos que mantiene el gobierno Ortega.

“Hay muchos desaparecidos. Estoy en la primera página de la lista en San Carlos, Río San Juan, por ser jefe del tranque en Las Tablillas. Nosotros no queremos buscar refugio, queremos apoyo de la comunidad internacional”, aseguró Mondragón, sentado sobre una montaña de leña en uno de los albergues costarricenses. 

“A Daniel Ortega no lo pudimos sacar ni con marchas pacíficas ni tranques… tenemos que ver cómo liberar al país. Con bombas artesanales no íbamos a poder contra AK-47. Es imposible”, agregó el campesino.