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Sapag considera acabado "el tercer levantamiento armado islamista" en Siria

Alfonso Bauluz

Alfonso Bauluz

Madrid, 16 dic (EFE).- La actual crisis de Siria está próxima a su final con la derrota del "tercer levantamiento armado islamista" en el país en los últimos 50 años, según el periodista y escritor español, de origen sirio, Pablo Sapag.

En una entrevista con Efe por la publicación de su libro "Siria en perspectiva" (Ediciones Complutense), el profesor universitario se refiere "al agotamiento de los sirios", pero también a los actores internacionales en este largo conflicto iniciado en 2011 como una revuelta popular, devenida en una larga y cruenta guerra.

En su análisis del conflicto, que no guerra civil -aclara-, Sapag aborda tanto las causas internas como externas y los factores que, a su juicio, han contribuido al generalizado error de interpretación de la realidad del país e incluso de las decisiones de las potencias regionales y los actores internacionales más relevantes.

Sostiene que "la cultura interconfesional" que caracteriza a Siria es su mayor "fortaleza y su (principal) debilidad".

Una ha permitido sobrevivir al régimen de Bachar al Asad, pues según Sapag, los sirios han logrado evitar por tercera vez el intento de islamizar el Estado -tras los fracasos de 1964 y el iniciado en 1972 y derrotado en 1982 -, del que responsabiliza a un "quince o veinte por ciento de la población".

La debilidad, previene este autor, es que no desaparecerá ese riesgo.

Tampoco es mérito -agrega- de Al Asad lograr esa victoria, pues la han protagonizado tanto los que son partidarios de su Gobierno como los disidentes que pelean porque no quieren la imposición de un islam de Estado como pretenden los Hermanos Musulmanes, cofradía en la que centra el principal auge del islamismo político sirio.

Atribuye en el libro una cita al mandatario sirio, al que entrevistó este año para su elaboración, y en la que proclama que "la infiltración del wahabismo" en los últimos 50 años "ha corrompido" el islam, uno de los dos pilares de la sociedad siria junto a su panarabismo.

En este choque de interpretaciones de la religión musulmana, del extremado rigorismo suní, emanado de Arabia Saudí e involucrado en la lucha estadounidense en Afganistán contra el imperio soviético, Sapag destaca la reacción a la revolución islámica chií, como una de las principales causas de la expansión y pujanza del wahabismo.

"El triunfo (en 1979) de la revolución islámica chií en Irán provoca anticuerpos en el islam suní mayoritario", que crecerá -explica- con la caída del Muro de Berlín al "aprovechar ese hueco que ha dejado el comunismo".

Es por ello que lamenta las interpretaciones reduccionistas de Gobiernos y analistas occidentales que ven en términos de "mayorías y minorías" de las diferentes confesiones religiosas en Siria y cuya existencia niega, pues insiste esa multiconfesionalidad es la principal herencia del país.

Menciona, entre otros, a los Gobiernos de Turquía o Catar entre los que erraron el cálculo al apostar su implicación política, diplomática y militar a una rápida derrota de Al Asad.

Además, subraya la fortaleza del Estado sirio, aunque sea un "país agrícola y pobre" económicamente frente a la potencia de sus enemigos y puntualiza que su aliado ruso o la república iraní no habrían comprometido su posición internacional en ese conflicto si Al Asad careciese de apoyo político o militar dentro de su país.

En el repaso de los principales acontecimientos de la guerra, desde las pugnas por abastecer de gas al mercado europeo como catalizador de los conflictos geoestratégicos hasta las batallas propagandísticas, Sapag subraya cómo el Ejercito sirio, adiestrado para una guerra en los Altos del Golán, se adaptó al combate de milicias y "katibas", como se denomina a los batallones de grupos armados de las diferentes facciones, incluido el Estado Islámico.

En este trabajo académico, el profesor del Departamento de Periodismo y Comunicación Global de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y experto en propaganda reitera que el Gobierno de Damasco tuvo que priorizar y concentrar sus esfuerzos en el plano interno mientras perdía la batalla informativa en el exterior. EFE