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El cementerio de Guadalupe, un guardián de la historia Yaqui en Arizona

Con sus viejas cruces de madera adornadas con flores de papel, el cementerio de Guadalupe se erige como un guardián de la historia de los primeros indígenas mexicanos yaquis que se asentaron en Arizona hace más de un siglo.

Beatriz Limón

Phoenix (EE.UU.), 13 oct (EFE).- Con sus viejas cruces de madera adornadas con flores de papel, el cementerio de Guadalupe se erige como un guardián de la historia de los primeros indígenas mexicanos yaquis que se asentaron en Arizona hace más de un siglo.

Todavía hoy se realizan enterramientos en este pequeño camposanto enclavado en el corazón de un barrio de la ciudad de Tempe, en el condado Maricopa, pero solo de quienes en vida pertenecieron a esa etnia o estuvieron relacionadas con el poblado de Guadalupe.

Con el apoyo de la Iglesia católica, los yaquis provenientes de Sonora (México) recibieron una demarcación en Arizona en 1910, el año en que se inició la Revolución mexicana.

Sin embargo, debido a una disputa territorial tuvieron que dejar el lugar y asentarse a una milla y media, donde fundaron en 1914 el poblado de Guadalupe, que hoy cuenta con unos 6.500 habitantes.

Movilizaron a sus familias y pertenencias para empezar de nuevo, pero tuvieron que dejar a sus muertos en este cementerio.

"Este cementerio es muy importante porque representa la historia de los yaquis. Guadalupe es el único pueblo de los Estados Unidos donde existe un grupo de indígenas que emigraron y se quedaron con territorio e historia", indicó a Efe Carlos Valencia, quien trabaja para el Departamento de Educación de la etnia Pascua Yaqui.

De acuerdo con la publicación "Guadalupe's Buried Past" realizada en 1994 por la Universidad Estatal de Arizona (ASU), a partir de 1890 se empezaron a hacer enterramientos en el lugar donde se erige el cementerio y donde estuvo el primer asentamiento de los yaquis en Arizona.

"Necesitas tener una historia relacionada con Guadalupe para poder ser enterrado en ese cementerio, ya que el espacio está muy limitado. Los Martínez están enterrados al oeste", dijo Valencia para explicar la manera en que se distribuyen las tumbas.

Una valla separa el camposanto de las modernas casas de Tempe, que desentonan con las cruces de madera sobre montículos de tierra y las lápidas de granito gris, sobre las cuales los deudos depositan objetos personales de los fallecidos.

Algunas sepulturas, las menos, están a la sombra de los mezquites. El viento hace ondear pequeñas banderas de Estados Unidos y México sobre un fondo de coloridos murales con imágenes de la Virgen de Guadalupe o de la Catrina, el símbolo del Día de los Muertos, que contrastan con el árido color de la tierra.

Leonor Loreto tiene enterrada en esa pequeña franja de tierra a toda su familia.

"Aquí están mis padres, abuelos, tíos y dos hijos, tengo ocho familiares enterrados aquí, vengo a verlos todos los años", relató a Efe.

Las tradiciones perviven en Guadalupe y también en el cementerio.

"El Día de los Muertos se celebra con mucha tradición vienen y prenden velas, cantan, bailan la danza del venado, traen comida", relata Severiano González, nativo de Guadalupe.

Félix Armamea pertenece a la tercera generación de yaquis asentados en Guadalupe y desde hace 25 años trabaja como voluntario en el cementerio.

"Ahorita venimos a hacer los huecos porque se murieron tres personas de Guadalupe en un accidente. Cada que se entierra a alguien, venimos a ayudar", comentó.

Bajo los rayos del sol algunas personas cavan la fosa para ayudar a los deudos de los fallecidos. Aunque muchos de los descendientes de los indígenas yaquis desconocen su historia y han ido perdiendo su lengua nativa, se sienten orgullosos de sus raíces.

"Somos de los primeros que llegamos aquí, no nos sentimos desplazados, más bien nos sentimos orgullosos", aseguró a Efe Armamea.

Valencia, por su parte, defiende la importancia de conservar la historia y las tradiciones yaquis, por eso trabaja incansablemente para no dejar que su cultura se olvide.

"Muchos de los yaquis que vinieron a este país han ido olvidando su historia, se ha perdido la lengua yaqui, ya son cinco generaciones que prevalecen en Guadalupe, desde que salieron huyendo del régimen de Porfirio Díaz (1884-1911)", indica.

"La nueva generación se tiene que movilizar para sacar la historia de las familias, porque cuando se vayan los mayores, también se ira su historia", concluye.EFE

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