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Nadie quería que se acabara el Estéreo Picnic

El tercer día del FEPX tuvo un lleno total: Arctic Monkeys, Sam Smith, Foals y 21 artistas más hicieron que valiera la pena dormir apenas 4 horas para regresar al mundo del trabajo

Nadie quería que se acabara el Estéreo Picnic. Foto: Sergio Rodríguez / FEPX

 

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Con infromación de Agencia EFE:

Margarita Muñoz y Santiago José Sánchez

Bogotá, 8 abr (EFE).- El veredicto del público está claro: los Arctic Monkeys ofrecieron este domingo un concierto vibrante y maduro que los consagró como el grupo indie del momento y que, de paso, también ratificó al Estéreo Picnic en la primera línea de los festivales alternativos de Latinoamérica en una edición para el recuerdo.

Unas luces rojas, como si anunciasen un peligro venidero, precedieron al riff de la guitarra de doce cuerdas de Alex Turner con el que rompieron el silencio y empezaron con un derroche de personalidad que inició con "Do I wanna know", de su álbum "AM", el más guitarrero de sus seis.

El baterista Matt Helders se subió al escenario luciendo la nueva camiseta de la selección colombiana de fútbol y sorprendió a los presentes con un solo en "Brianstorm", la segunda canción que interpretaron.

Para escuchar una canción de su último disco tuvieron que esperar hasta el cuarto tema, "One Point Perspective", en el que Turner dejó la guitarra y, disfrazado de Frank Sinatra, abrazó el micrófono, como también hizo con "The Ultracheese".

Los Arctic Monkeys sonaron como lo que son, una banda que empezó tocando indie y que ahora hace lo que les viene en gana.

Esa confianza, ganada a base de giras mundiales y del beneplácito de la crítica, se trasladó sobre el escenario en forma de improvisaciones y de reinvenciones de sus clásicos.

Como con "Why'd you only call me when you're high", en la que Turner se inventó antes de empezar una canción de un minuto que sólo decía "Rock and roll in Colombia".

Con uno de esos "jams" eternos se atrevieron a unir "505" con "Tranquility Base Hotel and Casino", ambas compuestas en piano pero que representan momentos muy diferentes en la discografía de la banda.

Con "R U Mine" cerraron el concierto, Estéreo Picnic y la gira del Tranquility Base Hotel And Casino, y tal fue la entrega que Turner la interrumpió para empaparse de los aplausos.

El magnetismo de Arctic Monkeys arrastró a oleadas de personas hacia el escenario principal horas antes de que empezase el concierto, pues muchos prefirieron perderse a otros artistas antes que ver a los de Sheffield desde lejos.

La antesala del espectáculo irreverente de Arctic Monkeys llegó con el siempre fabuloso y carismático Sam Smith, que se tomó su tiempo para brillar con cada una de sus canciones acompañado de fieles que coreaban todos sus éxitos.

Smith, que se tomó su tiempo para presentar a cada uno de los músicos que lo acompaña en directo, contagió de amor al público con frases como "You sound beautiful".

Ellos correspondieron esas muestras de amor llenando en su totalidad el lugar e interactuando con el intérprete en cada una de sus canciones y demostrándole cómo recibe Bogotá a artistas de su talla.

El público coreó al unísono canciones como "I'm not the only one" o "Dancing with a stranger".

Es por eso que la actuación de Smith, un día sin lluvia, tarimas llenas y miles de personas cantando hipnotizadas sus canciones de hicieron del tercer día del Festival Estéreo Picnic uno de los más icónicos de los 10 años de este evento que demostró su potencial y porque ya ha cumplido su primera década.

En el otro extremo del recinto y ante un público mucho más reducido que huía de la apuesta de masas de Sam Smith tocaron los argentinos Los Espíritus, que aportaron la cuota de rock psicodélico de la jornada.

La estridencia de las guitarras dio paso en mitad del concierto a la letra diáfana de "Noches de verano", un tema del primer disco de la banda que contentó a los nostálgicos del grupo, que apenas superaban los dos centenares y que cantaron extasiados.

Siguió a Los Espíritus un enérgico concierto de los británicos Foals, que llevaron a Bogotá su arriesgada apuesta de "math rock" bailable que abarrotó uno de los escenarios menores del festival.

El estribillo fácil de "My Number" hizo saltar a los miles de fieles de Foals que abarrotaron una de las carpas del festival y corearon "Woohoo, Woohoo" como el himno festivalero que ya es.

El primer concierto que congregó a miles de personas dio inicio a las 17:40 hora local (22:40 GMT) del domingo, cuando el público se dirigió a la tarima principal como si estuviesen bajo el efecto de un hechizo que los guiaba al inició del tercer día de ese "mundo distinto", como denominan al festival, con el concierto de The 1975.

Este grupo británico, que no le teme a jugar con los géneros, llevó al baile, a los gritos de emoción y quitó el frío de sus fanáticos que se concentraron en el ritmo de sus canciones de fuerte aroma ochentero, capaces de trasladar a épocas pasadas, no vividas por muchos de los asistentes al festival, que a duras penas superaban los 30 años de edad.

Más allá de la música, la escena que más se repitió a lo largo de todo el festival fue esa estampa fraternal en la que amigos ayudaban a otros amigos y nuevas amistades surgieron de forma espontánea. EFE