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Varda regala una reflexión sobre la vida y el arte en "Visages, Villages"

A sus 88 años, finalizada la que podría ser su despedida audiovisual, "Visages, Villages", la polifacética cineasta belga Agnès Varda ofrece en esa cinta un proyecto que le sirve para reflexionar sobre la vida y el arte.

Cannes (Francia), 20 may (EFE).- A sus 88 años, finalizada la que podría ser su despedida audiovisual, "Visages, Villages", la polifacética cineasta belga Agnès Varda ofrece en esa cinta un proyecto que le sirve para reflexionar sobre la vida y el arte.

Realizado junto al fotógrafo y artista callejero francés JR y presentado en el festival de Cannes fuera de competición, ese "documental subjetivo", como ella lo define, es un viaje por la Francia rural y abandonada que retrata a algunos de sus habitantes y refleja en el trayecto la creciente amistad entre los dos autores.

Les separan 54 años de diferencia y trayectorias que en el primer caso ha pasado por la fotografía, el cine o el documental y que en el segundo se ha centrado en la exposición de retratos fotográficos a gran escala en fachadas.

Pero ambos, según explicaron ante un grupo reducido de medios, comparten "su curiosidad y amor por la gente", las ganas de ir a su encuentro, darles voz y visibilidad y compartir conocimientos.

La camioneta de JR, un estudio fotográfico sobre ruedas, lleva a sus protagonistas a hablar con agricultores, ganadores, carteros o antiguos mineros, a recorrer lugares de su pasado y a dotarlos de nuevos recuerdos, al colgar en ellos grandes fotografías de sus protagonistas en blanco y negro.

El resultado en pantalla, según contó Varda, tenía que percibirse "honesto" sobre ellos mismos y su trabajo, que cada uno abordó con su propio ritmo físico y enfoque artístico y al que ella le puso el toque final en la edición.

La directora, una de las principales impulsoras y única mujer de la "Nouvelle Vague", con películas como "Cléo de 5 à 7" (1962), "Sans toit ni loi" (1985), reaparece a nivel profesional seis años después de su miniserie documental "Agnès de ci de la Varda".

Como señalan en la cinta, el azar fue en esta ocasión su "mejor colaborador". Una conversación, un encuentro o la intención de mostrarle al otro algún pueblo o ciudad les hacía encender el motor y explorar allí las posibilidades.

En una ocasión, en una playa de Normandía, la marea borró en cuestión de horas uno de sus murales. "Somos muy conscientes de que nuestro trabajo, nuestra vida, son efímeros", explica Varda, quien en 2015 recibió la Palma de Oro de honor del festival.

Su pérdida progresiva de la vista, así como la obsesión de JR por esconder sus ojos detrás de unas gafas de sol, son un tema recurrente y paradójico a lo largo del metraje, que consigue emocionar al espectador, a veces por sus propias emociones.

"Llevo gafas, pero no son suficiente. Las gafas es como si fueran la lente de la cámara, pero mi problema está en el soporte en sí, en el filme", confiesa la artista, que tras décadas captando el mundo a través de un objetivo ve reducida ahora su visión a una mancha borrosa.

Varda, casada con el cineasta Jacques Demy desde 1962 hasta 1990, año en el que el autor de "Les Parapluies de Cherbourg" falleció, apunta que esta especie de "road-movie" no es pretenciosa, sino "muy modesta", porque tiene como eje ese encuentro con el otro.

Encantada con la reacción de la audiencia en Cannes, pero satisfecha ante todo por haber hecho el proyecto que querían, la cineasta dice no tener muy claro si volverá a ponerse detrás de la cámara.

"Estoy un poco cansada, la verdad", concluye una mujer que mantiene intacta su capacidad para emocionar. EFE