Glifosato: Habla víctima de cáncer, por uso del herbicida, que demandó a Monsanto

Por su parte, el epidemiólogo Geoffrey Kabat explicó en Sigue La W que no hay pruebas científicas que digan de dónde proviene el Linfoma no Hodgkin.

En Sigue La W habló Christine Sheppard, una británica que vive en Estados Unidos y se declara víctima del glifosato. “Cada semana tengo que clavarme cuatro agujas en el estómago e infundirme el sistema inmunológico de otra persona porque el mío es prácticamente inexistente como resultado de las cantidades masivas de tratamiento contra el cáncer que tuve que soportar”, comentó, añadiendo que “cuando me siento allí durante una hora mirando esas agujas, todo lo que puedo pensar es ‘bueno, al menos estoy viva, aunque mi calidad de vida es bastante mala’. Antes de comenzar las infusiones estuve dos veces en el hospital con neumonía”.

Sheppard explicó que sufre de los llamados “efectos tardíos" de la quimioterapia. “Lo peor es la neuropatía periférica inducida por quimioterapia (CIPN, por sus siglas en inglés) que causa dolores severos en mis manos y pies”. Para “soportar el dolor”, toma medicamentos cuatro veces al día, “pero el dolor nunca desaparece”. Esto debido a que el CIPN envía señales falsas a su cerebro diciendo que sus pies están fríos o calientes, cuando en realidad no lo están, “lo que me hace torpe para caminar, afecta mi equilibrio y mis manos ya no pueden sentir para tomar una aguja. Uso una unidad Electroestimulación percutánea de los nervios (TENS, por sus siglas en inglés) en mis pies para las peores ‘descargas eléctricas’ y llevo una extra en el auto. La CIPN es una afección progresiva que solo empeorará”.

Esto sucedió, según contó en Sigue La W, en 1995 cuando ella y su esposo compraron una finca de café de cinco acres en Hawái. “Las malas hierbas estaban tan altas que apenas podíamos atravesarlas”.

“Como nuevos agricultores, usamos las prácticas que eran comunes en el área, incluido rociar las malezas con un rociador de mochila de RoundUp, como lo recomendó el agente del Colegio de Agricultura Tropical en Kona, quien nos dijo que RoundUp era lo suficientemente seguro para beber”, afirmó Sheppard. Utilizaron RoundUp, producto de la empresa Bayer, por cinco años.

En 2003, la británica en estados unidos resultó enferma: fatiga extrema, dificultad para respirar, sudores nocturnos. “Pensé que era mi edad y la menopausia, pero luego una ecografía encontró numerosos ganglios linfáticos agrandados y me diagnosticaron linfoma no Hodgkin en etapa 4, con un 10% de posibilidades de supervivencia”, manifestó.

“Inmediatamente comencé sesiones de quimioterapia de seis horas cada tres semanas”, tratamiento que duró ocho meses. Los efectos secundarios fueron “severos”, debido a que no podía trabajar en la granja, apenas tenía fuerzas para responder correos electrónicos con órdenes, y no podía salir de la casa.

Antes de caer en la enfermedad “estábamos completamente manos a la obra, trabajando diez horas al día y nos encantaba”, dijo Sheppard. Sin embargo, su esposo “no podía asumir mis trabajos en la granja tan bien como el suyo y cuidar de mí. Decidimos que la única forma de sobrevivir era vendiendo la granja. Fue lo más difícil que había hecho en mi vida. Era nuestro paraíso, nuestro lugar para el futuro, y estaba devastado por perder mis cabras, burros, perros, gatos y estilo de vida”.

“La quimioterapia solo había eliminado parcialmente el linfoma, por lo que mi oncólogo me recomendó un trasplante de células madre”. Para esto, Sheppard acudió al City of Hope en Los Ángeles en agosto de 2004 para este tratamiento “extremadamente severo y arduo, que incluía dosis muy altas de quimioterapia y múltiples sesiones de radiación para todo el cuerpo”. En octubre, ella y su esposo regresaron a una cabaña alquilada en Hawái. “No podíamos cultivar porque mi sistema inmunológico estaba devastado, pero no podíamos irnos de Hawái porque perdería mi seguro médico”, resaltó. Incluso con el seguro médico, “las altas primas y los deducibles agotaron mi cuenta de ahorros”.

La historia no termina ahí. En diciembre de 2004 a Sheppard le aparecieron más linfomas. “Esta vez me dieron Zevalin, una nueva inyección de radioinmunoterapia de anticuerpos monoclonales”. Durante las siguientes semanas, Sheppard fue sometida a “varias transfusiones de plaquetas y sangre para estabilizarme. ¡Pero funcionó! Quitó los linfomas y he estado en remisión desde entonces”.

Después de que la Organización Mundial de la Salud informó el enlace a RoundUp en octubre de 2015, la británica se comunicó con un abogado y su caso se presentó en diciembre de 2015. En 2016, “me invitaron a testificar en el Tribunal de Monsanto celebrado en los Tribunales Internacionales de Justicia de La Haya y me sorprendió el terrible sufrimiento de los otros testigos que vinieron de todas partes del mundo”.

Desde que supe de la conexión de RoundUp con el linfoma no Hodgkin en 2015, no he dejado de estar enojado”.

Espero desesperadamente que algunas de las víctimas de la negligencia deliberada de Monsanto por el lucro sobre la seguridad se sientan mejor que yo. Y espero aún más desesperadamente que RoundUp sea prohibido en todo el mundo, para que no más personas tengan que pasar por lo que yo y miles como yo estamos pasando”.

Sobre la demanda a Monsanto-Bayer, aseguró que “la demanda ha durado seis años y no sé si vamos a ver un resultado”. Cuando encontró el escenario internacional “fui a La Haya con una acción colectiva” para intentar avanzar en la prohibición del glifosato y de RoundUp y, además, “voy a contarle al mundo lo que me pasó”.

“Los que no creen que el glifosato no afecta la salud están ignorando la ciencia”, aseveró, debido a que “las compañías que están detrás de este herbicida han entregado datos falsos”. “En Europa se ha avanzado a la prohibición del mismo, pero en Estados Unidos este proceso es más lento. Este herbicida es devastador para la salud y al medioambiente”.

Cuando se le preguntó si el cáncer surgió por el uso continuo de RoundUp, la británica y víctima de esta enfermedad manifestó que “no hay pruebas de que por un solo uso no se tenga algún impacto en la salud”.

Por su parte, Geoffrey Kabat, epidemiólogo y experto en glifosato, sentenció que, después de años estudiando qué afecta a la salud, “n general no sabemos qué causa este tipo de cáncer”, debido a que “hasta el momento no existen elementos o pruebas científicas para enlazar el glifosato con este cáncer”. Cabe destacar que Kabat mostró su simpatía la historia de Christine Sheppard.

“Las demandas son totalmente diferentes a la ciencia”, dijo, debido a que en la Corte se presenta un individuo con “una enfermedad terrible” que demanda a una organización inmensa. La única agencia que ha ligado el cáncer con el uso de glifosato es La Agencia Internacional de lucha contra el Cáncer, como expresó el Dr. Kabat. “Lo clave es resaltar que es una causa probable, no determinante, del cáncer”.

Por último, comentó que “las agencias mundiales no han hecho ningún tipo de concepto que sea definitivo contra el glifosato; de hecho, dicen que puede utilizarse. Algunas oficinas de la OMS (Organización Mundial de la Salud) han tenido la posibilidad de comprobarlo, con base en el uso de los agricultores”.

 

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