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La tragedia de Carmen, quien recibió 30 machetazos por defender a sus hijos

Carmen se metió con el hombre que no debía, en pocos meses descubrió el oscuro mundo que escondía Carlos hasta que tuvo que separarse, el hombre casi la mata

La tragedia de Carmen, quien recibió 30 machetazos por defender a sus hijos. Foto: Colprensa

Por María Fernanda López

Despertar rodeada de cables, sonidos de hospitales, heridas múltiples, sin la movilidad de sus brazos y con la noticia de que perdió la vista, suena increíble, pero esto es algo que le puede pasar a cualquier mujer. Las tragedias no miran estratos, color de piel o situación económica, simplemente pasan y por eso hay que estar alerta ante cualquier situación, incluso, hasta con la persona con la que compartimos la mayoría del tiempo, con quien dormimos y compartimos un café todas las mañanas.

Esto, fue lo que le sucedió a la protagonista de esta historia, a quien llamaremos Carmen para proteger su identidad. Ella, dedicada a trabajar por sus hijos, por intentar darles un futuro mejor, salía siempre a realizar sus labores diarias. Un día cualquiera, un hombre comenzó a cotejarla, de manera casi agresiva manifestaba que ella algún día sería de él. Al principio se mostraba apática a algún tipo de relación, pero poco a poco se fue dejando convencer del hombre al que llamearemos Carlos y quien no desistía de sus propuestas.

Pasaron meses y ellos comenzaron a vivir juntos, como cualquier pareja normal cada día conocían algo de la otra persona, algunas veces detalles que hacen sonreír, otras veces actitudes que no gustan tanto, pero que el amor hace aceptarlas. También comienzan las opiniones de otras personas. Con esto comienza la zozobra Carmen, algunas personas rumoraban en su pueblo que Carlos, a quien había dejado entrar a su casa, trabajaba con cultivos de coca, un trabajo bastante peligroso e ilegal en Colombia.

Carmen estaba con un delincuente en su casa, pero a ella llegó una información que la alertó de tal manera que los cultivos de coca pasaron a un segundo plano: “Mamá, a mí no me gusta ese hombre para usted, el me pidió un beso”, fue lo que le dijo una noche su hija menor cuando llegó del trabajo.

En ese momento todo el amor y respeto que sentía por Carlos se perdió, ese respeto que se mezcla con temor por las actitudes machistas y posesivas que él mostraba día a día, ahí no le importó nada más, solo el bienestar de sus hijos; por eso le pidió que abandonara su casa, le dijo que ella no quería estar más con él y que lo mejor era que cada uno siguiera su camino.

Habían pasado cuatro meses desde que comenzaron a vivir juntos, tiempo, que, mirando hacia atrás, no había disfrutado, no se había sentido enamorada, tal vez solo había sido miedo lo que la había hecho compartir su casa con ese hombre que, en realidad, era casi un desconocido.

Carmen no tenía mucho que perder, la casa en la que vivían era en la que siempre había vivido con sus hijos, aunque de madera y muy humilde, siempre fue su techo lugar del que nadie la podía sacar.

Él, por su parte, no iba a permitir que una mujer lo despreciara así, no se iba a quedar con eso y lo tenía claro, al principio sacó una hamaca y la colgó muy cerca a la entrada de la casa. Ella no hizo más que ponerle candado a su habitación y una cadena a la de sus hijos. Pasaron cuatro noches de esta situación todo iba con normalidad, Carmen dormía tranquila después de revisar que la cadena en el cuarto de sus hijos estaba puesta, a ella no se le podían salir de la mente las palabras de su hija contándole la propuesta que le había hecho aquel señor.

Claro que Carmen debía sentir miedo, Carlos estaba dolido y esos cuatro días de tranquilidad solo querían decir que estaba planeando algo. Ese algo que iba a cambiar la vida de Carmen y su familia para siempre. A la madrugada de la quinta noche la despertaron ruidos, abrió los ojos y lo primero que hizo fue prender su linterna de mechero e ir al cuarto de sus hijos, mientras caminaba el sonido se hacía más intenso y apurado, era él intentando romper la cadena.

Para Carmen en ese momento no importaba nada más que defender a sus hijos, por eso sin temor a nada, le reclamó a Carlos y le dijo que se fuera de ahí, lo miró a los ojos y le dijo “Yo por mis hijos me hago matar” a lo que él respondió que se iban a matar, pero se fue de la casa en ese mismo instante, lo que fue más sospechoso, Carlos no se iba a quedar con eso y Carmen lo tenía claro.

Lo que no sabía es que esa misma noche la tragedia más grande estaba a punto de entrar a su casa, Carmen volvió a su cama después de explicarle a sus hijos que todo estaba bien. No pasaron muchas horas de tranquilidad cuando Carlos llegó dispuesto a romper esa cadena como fuera, ahí Carmen se levantó dispuesta a todo por sus dos hijos, esto ya era una guerra escrita.

Carmen se fue a reclamarle y a detenerlo, pero antes de lograr mediar la situación recibió el primer machetazo por la espalda, en ese momento no hubo dolor que la detuviera, ella lo único que pensaba en ese momento era proteger a sus hijos de Carlos.

Así siguió recibiendo impactos del machete, en el que se sentía el odio de Carlos, alcanzó a darse cuenta de algunos, pero al quinto machetazo perdió la conciencia, fueron más de veinte por todo el cuerpo.

Sus hijos no podían hacer nada más que mirar con dolor y temor lo que le estaba sucediendo a su mamá, cuando Carlos no quiso maltratarla más salió de la casa y desapareció. Ahí su hija sacó fuerzas para intentar auxiliar a su mamá, fue en busca de un médico al pueblo.

Cuando despertó en el hospital recordó los primeros golpes que recibió, pero no se imaginó que su cuerpo de 43 años había aguantado más de 30 machetazos, se dio cuenta de que no podía ver por un ojo y que sus manos estaban sostenidas por tornillos casi sin movilidad.
A pesar de todos sus malestares físicos, Carmen no dejaba de pensar ni un segundo que había pasado con sus hijos, con su hija en especial, se imaginó lo peor, pero al instante se le escapó una sonrisa cuando la vio entrar por la puerta de la habitación.

Ella aparentaba estar bien, físicamente nada la afectaba, pero en sus pensamientos no había otra frase que no fuera: "es mi culpa". Carmen, con lo poco que puede hablar, le ha explicado a su hija que no es su culpa, que eso le puede pasar a cualquier mujer y que la ama tanto que daría su vida por ella.

A Carlos lo capturaron, pero poco después fue liberado y aseguró que las iba a matar, por eso Carmen y su familia están escondidas, su casa abandonada y el futuro que anhelaba para sus hijos truncado, esperando que algún día se haga justicia para poder vivir medianamente en paz.