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Me sentó en sus piernas y me besó: estudiante del San Viator denunció al padre rector

Estudiante de grado 11, denunció los comportamientos del sacerdote Albeiro Vanegas. El clérigo negó todos los señalamientos.

Sé que las denuncias contra el padre Vanegas son ciertas: estudiante Colegio San Viator. Foto: Getty Images

Luego de las denuncias conocidas por La W el pasado jueves, en las que una madre de familia señalaba que previo al suicidio de su hijo, Daniel Eduardo Osorio, este había sido abusado sexualmente por parte de un sacerdote vinculado al Colegio San Viator, en Bogotá, se conoció una nueva denuncia de presuntos actos indebidos con estudiantes de dicho colegio por parte de religiosos.

El caso conocido este viernes por La W, es el  de Nino* del estudiante de grado once , quien, previa autorización de su padre, contó en los micrófonos su denuncia en contra del actual rector de la institución, el padre Albeiro de Jesús Vanegas.

El menor dice que se motivó a hablar de su caso después de que se conociera la denuncia del jueves. "No me voy a callar porque a otras personas les puede pasar lo mismo", “para mí lo más importante es denunciar”, "si yo hubiera sabido de eso, yo nunca hubiera ido a la oficina del padre", afirma mientras comienza el relato de los hechos ocurridos en octubre de 2017 en la oficina del rector de la institución, quien, según Nino, era muy cariñoso con él.

Siempre se mostraba muy cariñoso conmigo, me daba un abrazo muy apretado o de mucho tiempo”, afirmó Nino, quien aclaró que en público el sacerdote señalado tenía comportamientos muy diferentes con él: lo saludaba de mano, lo regañaba por comer chicle y lo trataba de forma normal, no obstante, en privado se mostraba más cercano y afectuoso.

Señala que, para él, el hecho que hizo evidente que el padre estaba sobrepasándose, ocurrió en la oficina de Vanegas Bedoya, un día que “él me alza, me pone en sus piernas, y lo que hace es besarme”. Dice que rechazó el hecho, y que buscó asesoría en una amiga abogada, quien, según el menor, "no tenía la preparación suficiente", y quien le sugirío grabarlo para obtener material probatorio. 

“Después del beso tuve otro encuentro que fue cuando lo iba a grabar”. Dice que lo intentó, pero se sintió enfermo y terminó en la enfermería, lugar donde le contó sobre la situación a la funcionaria a cargo. También afirmó que el rector de la institución le obligó a apagar su celular.

Aclara que la cercanía con el padre comenzó a raíz de una situación económica familiar dificil, que lo obligó a buscar conseguir una beca que le permitiera continuar estudiando en la institución; hecho que resultaba dificil en tanto su hermano, un niño que cursa primero de primaria, ya estaba becado, y las políticas del colegio no permitían que existiera esa clase de beneficio para dos personas de la misma familia, no obstante la beca le fue concedida. "El comportamiento del padre cambió después de que nos dieron las becas", dice.

Precisamente, cuando se le pregunta por las razones que lo llevaron a no denunciar al sacerdote autor del presunto abuso, señala que se abstuvo de ello por miedo y "por las becas, mi familia es la única en todo el colegio que tiene dos becas". Dice que sus padres también recibieron llamadas intimidatorias.

Afirmó que tras buscar el apoyo de su madre no lo encontró: "mi mamá decía que yo me lo merecía, que ella no iba a denunciar esas cosas”, explicando que la relación mutua estaba minada por una denuncia de maltrato físico que había interpuesto el joven contra ella, y porque la relación familiar también se había dañado después de que él se declarara abiertamente homosexual. "Ella es homofóbica”, concluye.

Nino afirma que el caso se conoció gracias a la enfermera, persona a la que él había contado lo suscedido, a la vez que dice que tras lo ocurrido se comunicó también con el sacerdote vía chat; consiguió su número a través de un funcionario. 

Según el estudiante, el sacerdote le ofreció ayuda psicológica a cambio de no ser denunciado, y afirma que este mismo dijo  “yo no voy a pasar por esto dos veces”, haciendo referencia un caso prescedente del cual había sido señalado en su empleo anterior el religioso, y del cual habría salido absuelto. 

Según Nino, asistió a varias citas con la psicologa, a quien identificó como Adriana Espinoza quien concluyó "que los hechos si pasaron pero que las claves contextuales no son contundentes". Dice que tras ese dictamen, a través de su abogado, a quien Nino referencia como el "doctor Wilson", el sacerdote le ofreció una "compensación económica", a la que el joven dice no haber accedido.

Comenta que actualmente sigue estudiando en el Colegio San Viator, pero que para la matricula de su último año, le fue obligado firmar una carta retractandose de los señalamientos en contra del rector del colegio. “Mi mamá me obligó a firmar la carta, ella puede comprobar que yo nunca tuve voluntad de firmarla”.

Nino también afirma que el haber hecho pública la situación le ha supuesto otra clase de señalamientos en el seno de la institución, y dice que su versión fue puesta en cuestionamiento por otros estudiantes: “A mí me llegó un mensaje en twitter que decía que yo hacía todo esto por mi mala situación económica”. También afirma que en otra ocasión no se le permitió presentar un exámen académico argumentando comportamientos indebidos derivados de su orientación sexual, hecho que le  desencadenó un ataque de pánico, y que casi resulta internado en una clinica psiquiatrica.

 

El sacerdote responde: 

Tras las declaracionesde Nino, y el caso denunciado el pasado miércoles, La W también habló con el rector del colegio San Viator, el padre Albeiro de Jesus Vanegas, quien calificó el relato del menor como "absolutamente falso”.

Sobre su antecedente de señalamientos de abuso sexual dice que en efecto ocurrieron, y explíca que tuvieron lugar cuando trabajaba en el Gimnasio Los Pinos, otro colegio privado en la capital del país, y afirma que su salida de dichoplantel respondió a su deseo autónomo de responder a las acusaciones. . “Cuando supe de la denuncia puse la cara ante la justicia, como lo estoy haciendo hoy”.

Relata que en aquel entonces, fue acusado por un estudiante, que la Fiscalía lo investigó y recluyó; que fue llevado a una juez y que en juicio de primera instancia fue absuelto; en segunda instancia,  su caso fue al tribunal superior de Bogotá y allí se ratificó la inocencia; finalmente, el estudiante  llevó el caso ante la Corte suprema de justicia, escenario en que fue reiterado el fallo de las otras instancias.

Niega lo denunciado por Nino diciendo que tras su caso anterior, tomó precauciones para evitar ser señalado de nuevo, y que en su nuevo trabajo procura ser "transparente", haciendo referencia a la naturaleza de su despacho, el cual dice tiene ventanas de piso a techo y cámaras de seguridad.

Precisamente durante su relato, Nino hace la aclaración de que el presunto abuso no ocurrió en el despacho habitual del rector en el primer piso de la institución, sino que habría sido en una oficina del segundo piso, donde pese a haber una ventana como la describe Vanegas, existen cortinas y divisiones internas que hacen que existan lugares privados o no expuestos al público.

Dice que en el colegio el caso se conoció precisamente a través de la enfermera, quien tras conocer el relato del menor, lo comunica, y "de inmediato el colegio pone en funcionamiento los protocolos del Ministerio de Educación". Protocolos o tribunales de los cuales afirma Venegasa se abstuvo de participar en tanto el señalamiento lo implicaba a él.

Sobre las amenazas en contra de Nino para impedir la denuncia, el religioso explíca que él no hace parte del comité de becas, y explíca que la institución tampoco ha tomado alguna clase de represalias en contra del estudiante, recordando que incluso este ha podido desarrollar su proceso de grado once de forma normal, estando incluso a 20 días de graduarse como bachiller. Niega también el presunto ofrecimiento de "compensación económica".

Dice que nunca se ha reunido a solas con el estudiante denunciante, hecho que refutó a su vez Nino refiriendo a la profesora Olga Lucía Álvarez, otra profesora del área de filosofía, y la misma asistente del rector (a quien identifica como Liliana), como testigos de que él si se reunia a solas con el religioso.

Sobre el caso de Daniel Eduardo Osorio, el joven que cegó su vida y cuya madre realizó la denuncia inicial en La W, Vanegas, quien no es el sacerdote señalado, afirma que la institución no estaba enterada del presunto caso de abuso sexual, ocurrido en 2012, y que habría motivado la muerte del joven.

Dice conocer al padre Carlos Arévalo, sacerdote señalado en el caso de Osorio, de quien dice es su compañero y que vive actualmente en Bogotá.

Sobre la responsabilidadde este en el caso, dice "Creo en él y ya serán las investigaciones las que hablen de lo ocurrido”.

*El nombre del estudiante ha sido cambiado por proteger su identidad.

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