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Secuelas de El Nogal: Diez años después del atentado

No se sentía a gusto ese día. No era un día normal, como de costumbre. Había algo diferente y no se equivocaba: era 7 de febrero de 2003.

Foto: El Tiempo.

Flaminio era capitán de servicio del club El Nogal de Bogotá. Ese viernes se encontraba atendiendo a una pareja con sus dos hijos. Les tomó la orden de sus bebidas, sus entradas y su plato fuerte. Después de pasarle a su compañero las ‘comandas’ con el pedido, llamó a Juan Leonardo, su hijo.

“Hablé con él, me dijo que ya iban a servir la comida en la casa y que si me pasaba a su mamá. Yo le dije que más tardecito le marcaba porque estaba entrando la gente y había mucho movimiento… Colgué la bocina y hasta ahí recuerdo”, señala.

En ese momento eran las 8:15 de la noche, la hora en que un carro bomba estalló en las instalaciones del club con 200 kilos de explosivos y generó un incendio de grandes proporciones.

“Al fondo yo batallaba con mi vida en una oscuridad tenaz. Iba como a un muro oscuro en cámara lenta, como flotando. Hice como unos seis intentos. No sé cuántos segundos o minutos dure así… Al rato salí de debajo de unos escombros y el compañero que me estaba colaborando estaba boca abajo, y en mi inconsciente yo sabía que él había muerto”, recordó.

Flaminio Solano miraba hacia los lados y el club se veía vacío, de arriba abajo. Él fue uno de los 167 heridos que dejó el atentado y su compañero fue una de las 36 personas que fallecieron.

“Se me transformó la vida. Ahora tengo más ganas de vivir después de pensar todo lo que me ha sucedido. Para mí fue duro pero gracias a Dios salí adelante con positivismo, valor y luchando por mis hijos y por mi esposa”, dice.

Diez años después, él sigue trabajando en el club. Ahora se desempeña como cajero.

“Cuando yo veo algo ‘extra normal’ como una ambulancia, o cuando oigo la sirena, automáticamente se ve devuelve la cinta y me llegan esos recuerdos”, narra.

Por estos días, Flaminio se va a someter a un trasplante de rodilla, después de que el atentado le obligara a la reconstrucción de la misma. Dos años y medio duró hospitalizado luchando contra más de 18 fracturas. Pero muchos años más durará recordando ese día, la desolación del club, la fragilidad humana y la fortaleza del corazón.
 

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