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Viviana Henríquez, 35 años, directora de la fundación Amor Bonito, es #UnaMujerW

Sus proyectos de vida se conectan justamente a través de las manos de las madres de los niños de su fundación. Son esas manos las que tras ser entrenadas, fabrican joyas de Poesi.

Viviana Henríquez, 35 años, directora de la fundación Amor Bonito

Desde que Viviana estaba chiquita, le enseñaron a dar. Es apenas lógico entonces, que a sus 35 años, le saque tiempo a la docencia universitaria y al diseño de joyas para dedicarlo a su fundación, convencida de que lo único que se necesita para devolverle un poquito al mundo, es justamente eso,  ganas de dar.

“Una fundación sin recursos se logra arrancar con la plena convicción de que es posible hacer el cambio, nos metimos en el barrio las Malvinas, que es un barrio con unos índices de pobreza y de vulnerabilidad muy altos aquí en la ciudad de Barranquilla y escogimos cuatro mamás que estaban en más necesidad que las demás, cogimos a sus 10 niños y empezamos capacitándolas en arte terapia, en valores y en el manejo y en el control de las emociones, actualmente somos 57 niños y seguimos trabajando esos pilares, además de que les damos un almuerzo cada sábado”.

Con esa misma convicción, fabrica a mano joyas esotéricas, que procuran sanar o proteger.

“Poesí arranca con la ilusión y con el amor más grande de generar un cambio positivo en el mundo a través del diseño, no solamente para que nuestras usuarias tuvieran diseños que le sirvieran y que se vieran además preciosos y les sirvieran para la parte de bienestar por qué nosotros vendemos joyería esotérica, sino también en el entorno social y económico de las personas que trabajan con nosotros. Nosotros vendemos a través de nuestra página web, por Instagram y atendemos directamente a nuestras clientas, porque la idea es generar bienestar, el trato desde tu a tu, es entender lo que necesitan, recomendarles las piezas adecuadas para el crecimiento de estas”.

Devolver requiere muchas manos. Por eso Viviana no trabaja sola. Sus dos proyectos de vida se conectan justamente a través de las manos de las madres de los niños de su fundación. Son esas manos las que tras ser entrenadas, fabrican las joyas de Poesi.

“Empezamos capacitando a las mamás que habíamos seleccionado después de investigar cuales eran las que tenían mayor necesidad del resto, estuvieran en condiciones realmente vulnerables casi de hambre, se les compraron todas las herramientas necesarias para aprender a desarrollar la técnica de joyería que es la que utilizamos o es la insignia de nuestra marca, y el proceso duró unos tres o cuatro meses mientras que trabajamos por los niños y cuando vimos que están preparadas le empezamos a dar la parte de la producción y empezaron a devengar un salario”.

Viviana sabe que sus proyectos están tan entrelazados como algunos de las joyas que diseña. Por eso sus metas para el 2020 son claras. 

“Generar muchas más ventas porque al aumentar nuestra demanda, necesitamos capacitar muchas más madres y capacitando muchas más madres generamos mayor empleo y cuando generamos empleo obviamente el entorno socioeconómico de estas madres mejora, cambiamos potencialmente la vida de esta gente y por el otro lado también lo que queremos es generar una nueva modalidad de padrinos para que los niños aprendan diferentes artes, la música, también el teatro”.