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Condenados a 12 años de cárcel los históricos de ETA "Mobutu" y Chivite

La pareja de históricos etarras formada por Félix Ignacio López de Lacalle Gauna "Mobutu" y Mercedes Chivite Berango, acusados como responsables de las compras internacionales de armas de la banda, fueron condenados hoy a doce años cada uno de cárcel por el Tribunal de lo Criminal de París.

La pareja de históricos etarras formada por Félix Ignacio López de Lacalle Gauna "Mobutu" y Mercedes Chivite Berango, acusados como responsables de las compras internacionales de armas de la banda, fueron condenados hoy a doce años cada uno de cárcel por el Tribunal de lo Criminal de París.

López de Lacalle (49 años) y Chivite (50), que ya habían sido condenados previamente en Francia y tienen pendiente su extradición a España para responder por varios atentados cometidos en las pasadas décadas de los años 80 y 90, fueron sentenciados al cumplimiento efectivo de dos tercios de las penas impuestas hoy.

El Tribunal, que les consideró culpables de la decena de cargos por los que estaban procesados, decidió también su expulsión definitiva de Francia al término de esta pena, que es inferior a los 20 años de prisión solicitados por la fiscalía.

La pareja, que se casó en prisión tras su arresto en una vivienda rural cerca de Angulema (oeste de Francia) el 2 de abril de 2004, había reivindicado su pertenencia a ETA al inicio de este proceso, algo de lo que dijeron estar "muy orgullosos".

Estaban imputados en particular por su militancia etarra y por haber utilizado decenas de miles de euros en divisas (según el acta de acusación sumaban más de 110.000 euros entre 2001 y 2004) para comprar armas y otros materiales, a sabiendas de que la organización terrorista los obtenía esencialmente extorsionando a empresarios.

El fiscal, Jean-Claude Kross, había destacado que "Mobutu" y Chivite "son a la vez culpables y peligrosos" porque durante el juicio habían demostrado un "fanatismo ciego", dado que "no tienen remordimientos" por los delitos imputados y "se consideran integrados", con lo que "no hay perspectivas de reinserción".

Para Kross, la pareja no podía ignorar que el dinero que recibían para sus misiones procedía esencialmente del llamado "impuesto revolucionario", que "es lo que financió la actividad terrorista de los acusados", al memos mientras vivieron en la clandestinidad en Francia desde comienzos de los años 90.

López de Lacalle y Chivite, dijo el representante del ministerio público, "apoyan totalmente las extorsiones" a empresarios vascos y navarros, máxime porque hasta su captura estaban "implicados en las instancias dirigentes" de ETA.

Kross había basado este análisis sobre su posición en la jerarquía de la organización en la documentación que se les requisó -en especial una carta que habían escrito a la dirección para solicitar la convocatoria de una asamblea y unas conclusiones de un comité ejecutivo celebrado en marzo de 2004-, y en que "estaban en relación con los jefes de las estructuras más elevadas".

A este último respecto, había puesto el acento en la "relación especial" que la pareja mantuvo con los sucesivos responsables del aparato logístico Asier Oyarzábal Chapartegui y Félix Ignacio Esparza Luri -ambos en prisión en Francia actualmente y condenados-.

En términos más generales, el fiscal había insistido en la "actualidad" y en la "crueldad" de ETA, "aunque esté perdiendo velocidad", y señaló que los activistas que operan en Francia, como los dos ahora condenados, tienen "una misión determinante para lo que ocurre en España, (...) para cometer atentados", que en el medio siglo de historia de la banda han causado "828 muertos".

Uno de los policías antiterroristas que declaró en el juicio, el capitán Nicolas Engel, había señalado que ETA no atenta contra las fuerzas del orden francesas porque espera asegurarse así una cierta tranquilidad para su acción en Francia, donde se centra el grueso de su logística y donde se refugian buena parte de sus activistas.

López de Lacalle, arrestado por primera vez en Francia en noviembre de 1994, fue sentenciado en 1999 a siete años de cárcel, una pena al término de la cual tenía que ser expulsado del país, pero lo evitó al fugarse de forma rocambolesca el 13 de noviembre de 2000 del hotel de Aubusson donde estaba confinado, descolgándose por la ventana con varias sábanas atadas.

Esa fuga le valió la segunda condena a dos años y medio de prisión, en mayo de 2005, trece meses después de haber sido arrestado junto a su pareja Chivite, quien también es reincidente puesto que fue condenada en 1998 en rebeldía a cinco años de cárcel.