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La desconfianza domina Libia 10 días después del rechazo a gobierno de unidad

Diez días después de que fuera presentado y rechazado el nuevo Ejecutivo de unidad nacional, la rivalidad y la desconfianza entre los gobiernos de Tobruk y Trípoli se han agudizado y amenazan con prolongar el vacío de poder.

Mohamad abdel Malek

Trípoli, 3 feb (EFE).- Diez días después de que fuera presentado y rechazado el nuevo Ejecutivo de unidad nacional, la rivalidad y la desconfianza entre los gobiernos de Tobruk y Trípoli se han agudizado y amenazan con prolongar el vacío de poder.

Diez días fue precisamente el plazo que el Consejo Presidencial libio designado por la ONU se dio para enmendar la primera lista de 32 ministros presentada por su presidente, Mohamad Fayez al Serraj, y rechazada tanto por Trípoli como por Tobruk.

Con el ánimo de desbloquear la situación, Al Serraj y el Consejo viajarán hoy a la ciudad marroquí de Sjirat, uno de los escenarios en los que desde hace más de un año se desarrolla el diálogo tutelado por la ONU, con la presión de los insistentes rumores sobre un posible intervención militar extranjera si la situación persiste.

"Los acontecimientos de los últimos días no permiten ser muy optimistas", explica un diplomático árabe cercano a las negociaciones. "Más que acercar posturas, persisten los problemas", detalla el diplomático, que prefiere no ser identificado.

El meollo de la cuestión sigue girando en torno al futuro del controvertido general Jalifa Hafter, antiguo miembro del derrocado régimen gadafista convertido en jefe de las Fuerzas Armadas afines al Parlamento de Tobruk.

Apoyado militar y financieramente por Egipto y Arabia Saudí, Hafter regresó en 2011 en Libia tras haberse enfrentado en la década de los 80 a Muamar al Gadafi y convertirse en su principal opositor en el exilio.

Tras su retorno, se unió a las fuerzas rebeldes en la región de Bengasi y fue maniobrando hasta alcanzar el pasado año la jefatura militar del Parlamento de Tobruk, entonces legítimo y reconocido por la comunidad internacional.

El pasado 24 de enero, al tiempo que rechazaba el gobierno de unidad nacional -con la excusa de que 32 era un número muy elevado de ministros- la citada Cámara aprobaba el acuerdo de paz de Sjirat en su conjunto, a excepción del conflictivo artículo ocho.

Según la Cámara de Tobruk, el referido apartado pone en riesgo la continuidad de Hafter como líder supremo de las Fuerzas Armadas, papel al que se opone el gobierno rival de Trípoli.

Esta semana, diez importantes figuras políticas libias, con el vicepresidente del Parlamento en Trípoli, Salah Makhzoum, a la cabeza, volvieron a recordar a Tobruk que no tiene potestad para enmendar de forma unilateral este documento, conocido como Acuerdo Político Libio.

Una tesis que parece compartir el actual enviado de la ONU para Libia, Martin Kobler.

El artículo obliga a que todos los poderes militares, políticos y administrativos se transfieran al Consejo Presidencial designado por la ONU, que en un plazo no superior a los 20 días debe confirmar a los responsables o nombrar nuevos.

En este ambiente, Al Serraj viajó la semana pasada a Marj, en el este del país, para entrevistarse con Hafter, que se resiste a entregar el poder, y la visita que causó la renuncia de algunos miembros del Consejo Presidencial.

Al conflicto político se une el deterioro de la seguridad en todo el país, incluida la capital, Trípoli, lugar en el que se debería asentar el futuro gobierno de unidad.

Desde hace más de tres semanas, unidades de la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico mantienen una ofensiva para hacerse con el control de los puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, los más importantes del país.

Y han abierto nuevos frentes de combate en Sirte, su bastión en la costa, y Bengasi, escenario desde hace un año de combates entre las fuerzas de Hafter y las milicias leales a Trípoli, integradas en la alianza "Fajr Libya".

En las últimas horas, al menos tres soldados de las fuerzas de Tobruk perecieron en combates en esta ciudad con los yihadistas, que han aprovechado el conflicto y la huida de los civiles para infiltrarse en varios barrios.

Este fortalecimiento de los yihadistas ha abierto el debate en Europa y EEUU sobre la posibilidad de una nueva intervención militar extranjera como la que en 2011 ayudo a derrocar a Al Gadafi.

En Trípoli la situación es de tensa calma, con decenas de milicias dispuestas tanto a intentar proteger al gobierno de unidad si finalmente se forma y viaja a la capital -principalmente procedentes de la vecina Misrata-, como a convertir su estancia en un infierno de atentados.

"Aunque el gobierno de unidad se forme en Sjirat, seguirá la inestabilidad. La desconfianza y brecha es muy profunda entre las dos partes. Y una intervención extranjera lo empeoraría", concluye a Efe un asesor libio próximo al gobierno de Trípoli. EFE

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