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Prosur, ¿una alternativa real para la integración suramericana?

El presidente Iván Duque propuso reemplazar Unasur por un nuevo mecanismo, pero analistas afirman que no sería efectivo acabar con un organismo con más de 10 años de recorrido.

Sede de la Unión de Naciones Suramericanas. Foto: Agencia Anadolu

Por. Susana Noguera

Con sorpresa recibieron diversos analistas la propuesta del presidente de Colombia, Iván Duque, de reemplazar la Unión de Naciones Suramericana (Unasur) por un nuevo mecanismo que él denominó Prosur.

El mandatario colombiano anunció el pasado 14 de enero que, junto con el presidente chileno Sebastián Piñera, se habían planteado crear un nuevo organismo que no estuviera “al servicio de un gobierno particular”, sino que fuera “un mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercados, la agenda social con sostenibilidad y debida aplicación”, según sostuvo en una entrevista radial.

El anuncio desconcertó a algunos expertos porque pocos días después de iniciar su mandato Duque retiró a Colombia de Unasur, dando a entender que no estaba de acuerdo con la idea del multilateralismo. Además, el continente parece estar en un escenario político poco propicio para crear un nuevo organismo multilateral desde cero.

“Pareciera que Duque no logra encontrar un papel adecuado para el papel multilateral de Colombia. No se sabe si no le gusta Unasur porque no le está sirviendo a los intereses de esta administración o no le gusta el multialateralismo en general”, le dijo a la Agencia Anadolu Rafael Piñeros, profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Crear un organismo multilateral nuevo requiere mucho liderazgo y una inyección importante de recursos, lo que hace pensar a los expertos que sería más productivo fortalecer y despolitizar la Unasur.

“El hecho de que Unasur esté altamente politizada no significa que no sirva. Lo que hay que hacer es dinamizarla a partir de propuestas que fortalezcan lo técnico y le quiten presión a lo político”, explicó Piñeros.

Por esa misma línea está Mauricio Jaramillo, exasesor de Unasur y profesor de relaciones internacionales en la Universidad del Rosario, quien calificó la propuesta de Duque como “impertinente”.

“Unasur es una construcción que completa más de 10 años y fue creada con el consenso de 12 naciones, no fue una imposición. Ha emprendido proyectos que redundan en beneficio de los suramericanos”, dijo el experto.

Piñeros considera que cuando una institución no funciona es mucho más fácil reformularla que acabar con tantos años de construcción regional.

“Es precisamente en la polarización, ante la presencia de diferencias que parecen irreconciliables, que se justifica la existencia de este tipo de organizaciones. Las instituciones están concebidas para hacerle frente a las crisis y no para que se desmoronen ante la primera”, añadió.

Apoyo internacional

Una de las hazañas que logró Unasur fue organizar por primera vez a los países de Suramérica y reunir en un mismo espacio a líderes políticos de diversas ideologías: desde Hugo Chávez hasta Álvaro Uribe Vélez.

Hoy en día muchos países de la región tienen profundos problemas internos que les dejan poco tiempo y recursos para emprender la creación de un organismo nuevo. El presidente Iván Duque afirmó que contaba con el respaldo de Sebastián Piñera para la difícil misión, pero aún no es claro hasta qué punto Chile está comprometido con la idea de Prosur.

“En América del Sur se está viviendo un escenario político muy concreto en el que muchos países pueden no tener su mayor prioridad en América Latina”, dijo Rafael Piñeros.

Brasil, por ejemplo, sería fundamental para concretar una propuesta como Prosur, pero Jair Bolsonaro, que inició su mandato el 1 de enero, ha hablado más de acercarse a Estados Unidos e Israel que a su región. Otro que podría ser un aliado importante es Argentina, pero Mauricio Macri tiene importantes problemas económicos por resolver como para jugarse una carta de política exterior.

Piñeros añade que si lo que se busca con la creación de Prosur es aislar a Venezuela, la estrategia sería “incoherente”. “Uno no puede jugar una carta de política exterior para excluir a alguien. Eso es una actitud de 'bullying'. Por más presión diplomática que haya, es el pueblo venezolano el que tiene que tomar una decisión. Es muy difícil que se logre acabar un régimen únicamente con la presión internacional”, explicó.

En definitiva, los expertos se inclinan por reestructurar Unasur y usar su trayectoria para lidiar con la crisis en Venezuela que por crear algo nuevo. Pero, ¿es viable despolitizar el organismo cuando seis países ya suspendieron su participación en él como mecanismo de presión hacia Venezuela? Rafael Piñeros opina que sí.

Dice que la estrategia para lograrlo debe pasar por convencer a los miembros de que se elija a un secretario general reconocido en el ámbito suramericano que pueda impulsar proyectos en seguridad, defensa, salud pública y medio ambiente.

El experto considera que se deben promover estrategias novedosas que sirvan para “reflejar, no ideologías políticas, sino los intereses de los Estados que la conforman”, como resolver el crimen transnacional organizado, evitar mayor deforestación y favorecer el desarrollo rural sostenible “sin ponerle ideología”.

Mauricio Jaramillo también cree que Unasur debe ser fortalecida, aunque considera que adolece de un liderazgo moderado. “Hasta ahora el liderazgo en Unasur se ha encauzado en defender a Venezuela de una manera testaruda o, en el otro extremo, en sancionarla. Lo que hace falta es una voz moderada que rescate la tradición diplomática de Suramérica”, explicó.

Lograr ese liderazgo sería clave para lidiar con la crisis venezolana, que ha causado una multitudinaria migración hacia los países del continente.

“Yo creo que en Venezuela hay una dictadura y como latinoamericano la condeno, pero entiendo que para que haya un diálogo con ese gobierno es indispensable un escenario en el que Venezuela sienta que hay condiciones para debatir. Plantear una discusión sobre la crisis venezolana en la OEA es fútil porque no hay interlocución”, dijo Jaramillo, ya que en la OEA también están Estados Unidos y Canadá, lo que dificulta la discusión de algunos temas suramericanos.

Jaramillo afirma que promover un diálogo con Venezuela en Unasur sería clave para no repetir los errores de 50 años con Cuba. "Fue una solución innovadora y pertinente cuando se creó. Por eso creo que es una idea que nosotros, como suramericanos, debemos defender”, concluye el experto.