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Unos 20 mil argentinos irán al Mundial a pesar de la crisis económica

Los suramericanos hacen parte de las nacionalidades que compraron más entradas para ir al Mundial de Rusia 2018, una cifra que contrasta con los números de la economía de su país.

Hinchas argentinos ven el partido entre Argentina y Holanda en Copacabana, Rio de Janeiro, Brasil, durante el Mundial del Fútbol del 2014. Foto: Agencia Anadolu

Por: Emiliano Limia

A pesar de la endeble situación económica, Argentina está entre los países que más entradas compraron para el Mundial de Rusia, que comenzará el próximo 14 de junio. Además, está dentro de los cinco países con más reservas de pasajes y de hoteles en el marco del evento, según la FIFA.

Se calcula de acuerdo a un portal argentino El Cronista que son alrededor de 20 mil personas las que viajarán, una cifra que contrasta con los números de la economía, ya que el promedio de gasto por cada persona que vaya a ver el Mundial de Rusia ronda los USD 20.000.

Si la Selección Argentina logra llegar a la final del Mundial, se estima en la misma información del portal que en total los argentinos que viajen a Rusia se gastarían USD 500 millones en concepto de turismo durante el lapso que dura el campeonato del mundo.

El año pasado, cuando ya se hablaba de un ajuste económico severo en el país, los argentinos fueron de los primeros en asegurarse el pasaje a Rusia. Para el 12 de marzo, los únicos partidos para los que se habían agotado todas las entradas eran el del debut nacional entre Argentina e Islandia y la final del torneo, el 15 de julio.

Esta realidad contrasta notablemente con la que se vive en el país, donde cada vez hay más gente que se manifiesta en las calles; las marchas son cada vez más frecuentes y multitudinarias, y existe un descontento creciente hacia la figura del presidente Mauricio Macri.

La insatisfacción con el Gobierno se debe principalmente a la inflación, el endeudamiento, la pérdida del poder adquisitivo, los aumentos en todas las tarifas de servicios públicos y, sobre todo, el acuerdo inminente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La creencia de que el acuerdo con el FMI va a significar un ajuste brutal sobre la clase trabajadora llevó a que la población reaccionara. Debido a pasadas experiencias, el FMI cuenta con un muy bajo prestigio en la sociedad argentina. La experiencia indica que el FMI, independientemente del país que le pida el auxilio financiero, requiere que se ajusten los números de la economía.

Por un lado, hay economistas que aseguran que haber recurrido al FMI fue una excusa perfecta para reducir el déficit y acoplar los engranajes de la economía en función de la idea que tiene el gobierno de Macri en cuanto al manejo de la crisis.

En este sentido, para el analista financiero Claudio Zuchovicki “con este anuncio, el Gobierno ganó tiempo”.

Por otro lado, hay quienes cuestionan si era necesario recurrir ahora al FMI o si había otras instancias previas. Deducen que, en medio de la corrida cambiaria que sufrió el país en las últimas semanas, el Gobierno se apresuró a tomar esa decisión solo para transmitir confianza.

Según el economista y expresidente del Banco Central Martín Redrado, no había necesidad de pedir asistencia al FMI dado que “todavía no había ningún vencimiento perentorio”.

Siguiendo esta línea de pensamiento, es probable que en medio de la corrida cambiaria que sufrió el país las últimas semanas, el Gobierno se apresuró a tomar esa decisión sólo para transmitir confianza.

El mismo Mauricio Macri advirtió este lunes en un comunicado que la Argentina es un país que hace 70 años gasta más de lo que recauda, ese es el problema de fondo que el gobierno necesita resolver. Un país que vive por encima de sus posibilidades tiene necesariamente que corregir sus cuentas.

No obstante, una de las mayores dificultades radica en que la palabra “ajuste” genera aversión en las personas, dado que reducir el gasto público implica recortar empleos, subsidios, obra pública o cargas sociales, como planes de asistencia o jubilaciones.

Si bien el gasto público es indudablemente un elemento que el Gobierno tiene que atacar, no es el único. Argentina tiene que plantearse una estrategia de crecimiento, algo que lamentablemente no está claro. Ante una sociedad que no quiere endeudarse más, pero que tampoco quiere que baje el gasto público ni que suban los impuestos, la salida se vuelve compleja.

Algunos economistas autodenominados libertarios como Javier Milei, afirman que “el sector privado es el que genera riqueza, no el público”. Para estos economistas, la manera de reactivar la economía sería crear una mesa de diálogo con empresarios y buscar una salida conjunta para que produzcan más y generen empleo en lugar de subir los impuestos para que el estado recaude más. Desde este punto de vista, subir los impuestos sería como castigar a quienes hacen funcionar el motor de la economía.

La duda que persiste es por qué el Gobierno recurrió al FMI. Endeudarse es una decisión forzada que a ningún argentino parece agradarle, incluso miembros del Gobierno advierten que se llegó a un punto en el que no quieren endeudarse más. 

En contrapartida, en el 2017 los argentinos gastaron 11 mil millones de dólares en el exterior, lo que también genera un déficit de cuenta corriente (por la cantidad de dólares que salen del país). Como señal de austeridad, el presidente Mauricio Macri les pidió a sus funcionarios que no asistan al Mundial de Rusia.

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