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Zhou Shifeng, el abogado que atacó la Gran Muralla

Zhou Shifeng quería convertirse en defensor de los más débiles y acabó uniéndose a quienes trataban de hacer lo mismo. Ahí es cuando pasó a ser una "amenaza" para el régimen chino, pues la plataforma que creó, el bufete Fengrui, descubrió una nueva forma de lucha contra el sistema.

Tamara Gil

Tianjin (China), 4 ago (EFE).- Zhou Shifeng quería convertirse en defensor de los más débiles y acabó uniéndose a quienes trataban de hacer lo mismo. Ahí es cuando pasó a ser una "amenaza" para el régimen chino, pues la plataforma que creó, el bufete Fengrui, descubrió una nueva forma de lucha contra el sistema.

Un tribunal del norte de China, en la ciudad de Tianjin, sentenció hoy a Zhou a siete años de prisión por "subversión" y con su condena acabó de desmantelar su despacho de abogados, que desde 2007 era un "oasis" para los letrados que se atrevían a llevar los casos más complicados en un país sin separación de poderes.

Hasta que Zhou (Anyang, 1964) no abrió las puertas de su firma, no había un bufete que agrupara de esta manera a los abogados de derechos humanos, por lo que él se aseguró de que esta plataforma estuviera siempre abierta a todos.

Quizá fue su carácter sociable o su afición por compartir una cerveza con cualquiera, pero Zhou no tardó en reunir a numerosos profesionales del sector, como Wang Yu, la "abogada de hierro" que no rechazaba ningún caso y que defendió a todo tipo de personas perseguidas por el Gobierno, desde feministas hasta miembros de Falun Gong, considerado "un culto diabólico" por Pekín.

"Zhou estaba preocupado por la situación de estos letrados y quería hacer algo", cuenta uno de sus compañeros de profesión, Qiu Zhijiang, que le describe como una persona exitosa y con liderazgo.

Especializado en derecho penal, Zhou siempre fue optimista, dicen quienes le conocen bien, y no abandonó ningún caso a pesar de que supiera que la mayoría los perdería.

Entre los más memorables bajo el sello de Fengrui se encuentra el de afectados por el escándalo de la leche infantil adulterada, que provocó la muerte de seis bebés y cientos de miles de damnificados en 2008.

El bufete representó a las víctimas en su denuncia contra la compañía láctea responsable y el caso atrajo gran atención.

El conocido artista Ai Weiwei también contrató los servicios de Fengrui cuando las autoridades fueron tras él por fraude fiscal, lo que fue visto como un intento del Gobierno por acallar a esta voz incómoda.

Ai acabó condenado a una multa millonaria, pero ello no lo silenció y hoy sigue destacando la valía de los abogados que le representaron y las injusticias del sistema.

Tras numerosos juicios en los que los fiscales pasan notas a los magistrados con instrucciones, los abogados de la defensa son echados de la vista a empujones o se rechazan las pruebas que presentan, Zhou y sus compañeros se dieron cuenta de que la clave del éxito no sólo estaba en evitar una condena, sino en exponer la corrupción del sistema.

De ahí que el director de Fengrui no sólo trabajara con letrados, sino también con activistas y otros ciudadanos que piden justicia en China, y que consiguieran denunciar los atropellos que se producen tanto dentro como fuera de los tribunales.

Todos ellos protagonizaron una nueva forma de lucha logrando abrir una brecha en la Gran Muralla del presidente Xi Jinping: concienciar a la ciudadanía sobre sus derechos con la ley en la mano y oponerse al partido único reivindicando las libertades recogidas en la Constitución china.

Hicieron ruido, y muchos expertos consideran que ésa fue la clave para que el colectivo fuera objetivo de una de las mayores operaciones policiales que se ha visto en el país, el arresto de más de trescientos abogados, trabajadores de bufetes y activistas por múltiples partes del Estado en julio de 2015.

Zhou fue entonces de los primeros en caer en manos de las autoridades y hoy, más de un año después, ha sido el primero de esos letrados en acabar entre rejas. EFE