• Actualizado 08 Dic 2021 00:53

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El carcelero de los Jemeres Rojos expresa su "profundo pesar"

El jefe de los torturadores de los Jemeres Rojos expresó el miércoles su "profundo pesar" por las más de 14.000 personas asesinadas ante sus ojos en una famosa prisión durante la revolución ultramaoísta que vivió Camboya en la década de 1970.

Por Ek Madra



PHNOM PENH (Reuters) - El jefe de los torturadores de los Jemeres Rojos expresó el miércoles su "profundo pesar" por las más de 14.000 personas asesinadas ante sus ojos en una famosa prisión durante la revolución ultramaoísta que vivió Camboya en la década de 1970.



En la última semana de testimonio del primer alto dirigente de los Jemeres Rojos que se enfrenta al tribunal de los "Campos de la Muerte", Kaing Guek Eav, más conocido como Duch, dijo que era responsable de los asesinatos pero que servía a una "organización criminal".



"Descubrí que había terminado trabajando para una organización criminal que destruyó a su propio pueblo de un modo ultrajante. No podía retirarme de ella", dijo el ex profesor de matemáticas, de 67 años.



"Era como un tornillo en la maquinaria de un coche que no podía ser retirado", añadió.



Duch está acusado de "crímenes contra la humanidad, esclavitud, tortura, abusos sexuales y otros actos inhumanos", como comandante de la prisión S-21 durante uno de los capítulos más oscuros del siglo XX, cuando los Jemeres Rojos gobernaron el país de 1975 a 1979 bajo Pol Pot.



Añadió que estaba convencido de que estaba combatiendo para liberar Camboya del imperialismo de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. Y negó haber matado o torturado a los prisioneros y ha dicho repetidamente que cumplía órdenes por temor a su propia vida.



Karim Khan, abogado de la acusación popular, instó al comité de cinco jueces esta semana a rechazar la aseveración de Duch de que tenía pocas opciones salvo la de cumplir órdenes, asegurando que era "ideológicamente de la misma forma de pensar" que los líderes de los Jemeres Rojos.



El tribunal busca justicia para 1,7 millones de personas, casi un tercio de la población de Camboya, que perecieron ejecutados, por la explotación por trabajo o torturados durante la revolución agraria de los Jemeres Rojos.

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