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La indignación de los racistas. Por Ana María Cuesta

Les dicen puta a nuestras madres pero nunca nos ha dolido, es algo normal.

Imagen tomada del video que fue suministrado por la Policía de Cartagena.

A una mujer, que cabe como yo en el cliché de que no se nos debe tocar ni con el pétalo de una rosa, le gritan y la tratan de “loca y amarilla” tras chocar con un taxi, pero eso no nos importa, pues ella ofendió con dolo a un hombre negro diciéndole que lo era y que todos sus compañeros taxistas lo son.

Allí no importó si les dijo hijos de puta, o si les dijo brutos o rateros. Dolió porque les dijo negros. Y dolió más porque a simple vista lucía como una mujer de esas que la sociedad cartagenera cataloga como ‘de bien’.

La agresora fue racista intencionalmente, ignorante y violenta. Celebro que se le reproche moralmente por el uso inaceptable que hizo de una palabra que conocedores describen como históricamente cargada de violencia y de discriminación. Pero no podemos continuar como sociedad reproduciendo rencores por algo tan baladí como una discusión entre dos desconocidos.

Una cosa es que se abran espacios para denunciar a aquellos que restrinjan o vulneren derechos u oportunidades a las personas con el pretexto de su color de piel. Otra, que nos indignemos cada vez que, en medio de una pelea, alguien ofuscado intente incomodar al otro apelando a un rasgo con el que cree que lo va a fregar. Como dijo Juan De Dios Sánchez, si una persona le dice a usted que es un gordo ratero, no es porque odie ni a los unos ni a los otros. Lo mismo aplica en el conocido caso del taxi.

Esta mujer tiene el mismo chip que tenemos miles de cartageneros, y que han tenido otras generaciones. Discriminamos por que sí. Lo tenemos adentro. He conocido a paisanos, negros o afros, que no gustan de otros colombianos negros. Que buscan mantener relaciones sociales con personas con la piel distinta.

Sé de familias en las que prohíben enamorarse de un hombre o una mujer negra. Yo misma fui racista en tiempos en los que no sabía lo que era eso. De niña, me contaban, que yo describía a mi papá como un hombre lindo, que no era negro, que lo encontraba chocolate.

Y lo tenemos adentro. Por eso celebro que cada vez más haya espacios para reflexionar sobre esos actos discriminatorios que tenemos tan fijados al lenguaje y a nuestra cotidianidad. Admito que poco es lo que conozco sobre los discursos sobre racismo y afrocolombianidad, pero quedé asombrada sobre cómo un territorio como San Andrés Islas se sobrepone al racismo reivindicando, por sobre todas las cosas, a su gente, a sus nativos.

En Cartagena no pasa lo mismo. Ejemplos tan sencillos como que en la isla no puedas acceder a ciertos lugares sin la autorización y el visto bueno de los raizales, borran a Cartagena y a su gente del progreso mental que tienen otros territorios. En mi ciudad, que cada día me pregunto a quién es el que verdaderamente pertenece, cualquier cartagenero que no ‘encaje’ es despreciado en los lugares de mayor renombre comercial y turístico. Ya es tristemente normal.

En este punto, muchos considerarán injusto que yo opine que tienen a un racista reprimido adentro. Y son los que creen que está bien celebrar, por ejemplo, que un jugador colombiano sea catalogado en Europa como el ‘Messi Negro’. ¿Por qué no el “Messi colombiano”? Será que se quiere destacar lo atípico que resulta que un negro alcance las destrezas de Messi? Jamás había visto que fuera noticia el color que nace con alguien. 

El Concejo de Cartagena está a punto de impulsar una iniciativa para prohibir en la ciudad el uso de la palabra 'negro o negra', porque generan polarización en estos tiempos de paz. Estamos llamados a abrir espacios de discusión para superar al racista que llevamos adentro.

Pd: ¿Alguien se ha preguntado si a los hombres indígenas que venden el tinto en las calles turísticas de Cartagena les molesta o les discrimina el hecho de que se les grite en todo momento “tuchínes"? 

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Escrito por
Actualmente trabajo como periodista para La W Radio. He colaborado con la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y trabajé como editora política para el noticiero del Canal Cartagena.
Sobre el Blog SinVergüenza reflexiona sin tapujos sobre temas de actualidad nacional y regional, sobre todo de la ciudad que me formó como periodista: Cartagena.

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