Leo Kopp: fabricante de cerveza y de milagros
Leo Kopp fue alemán, judío, masón grado 33, fundó Bavaria y el barrio Unión Obrera (La Perseverancia, en Bogotá). Hoy, la gente le habla al oído para pedirle favores y milagros.

Los que le hablan al oído a Leo Kopp piden empleo, principalmente. Foto: Javier Riveros(Thot)
La 'pola', esa palabra deliciosa que refresca la garganta, tiene un certificado de paternidad que no deja lugar a dudas:
Leo Kopp es el inventor del término colombiano por excelencia para pedir una cerveza.
El nombre con el que se conoce a Policarpa Salavarrieta, heroína de la Independencia en Colombia, adquirió el significado actual en
diciembre de 1911, cuando la cervecería Bavaria lanzó al mercado su primera cerveza popular: La Pola
.
Esa es solo una parte del
legado de Leo Kopp
en estas tierras. Su nombre permanece unido a la historia de Bogotá en edificaciones como la
Mansión Kopp
(construida por el arquitecto Alberto Manrique Martín en la Carrera 5 con Calle 17),
hoy sede de la Gran Logia masónica
de Colombia.
El empresario alemán también dejó huella en el
Parque Central Bavaria
(donde nació la mayor cervecería del país), hoy centro empresarial con restaurantes de renombre en algunos de los viejos edificios originales; y en el barrio
La Perseverancia
, que fundó con el nombre de Unión Obrera y el objetivo de ofrecer vivienda digna a sus empleados, a menos de un kilómetro de la fábrica.
Pero hay un lugar de la ciudad donde
: el
Cementerio Central
.
Las orejas más famosas de Bogotá
El más lúgubre “Hall de la fama” que tiene Colombia está ubicado en pleno centro de Bogotá, Calle 26 con Carrera 16, una cuadra al occidente de la intersección de la Avenida Eldorado con la Avenida Caracas.
El
Cementerio Central ostenta un nutrido inventario de celebridades
sepultadas en sus predios: desde
Francisco de Paula Santander
(prócer de la Independencia y primer presidente constitucional de Colombia) hasta
Luis Carlos Galán
, pasando por poetas, empresarios, científicos, artistas, médicos y un largo etcétera de gente divinamente.
En el camellón central, el
monumento a La Piedad (esculpida por Ermenegildo Luppi en Roma, 1928)
es el único que siempre tiene flores los lunes. Más que todo acuden prostitutas jóvenes del aledaño barrio Santa Fe, que le piden ayuda a la virgen que sostiene en sus brazos al Señor Caído. Algunas piden más clientes, pero casi todas piden al último, el definitivo, que las saque de las calles.
Esta es la zona más importante del cementerio, también conocida como el pasillo de los expresidentes. Allí están las tumbas de
Virgilio Barco, Enrique Olaya Herrera, Gustavo Rojas Pinilla, Luis Carlos Galán Sarmiento, Alfonso López Pumarejo, Gilberto Alzate Avendaño y Laureano Gómez
. Casi todos están acompañados de su esposa, pero nadie les pone flores. A Galán sí: sobre su lápida hay tres girasoles.
Entre tantos muertos, ninguno alcanza la popularidad que tiene Leo Kopp. De lejos, 'el sordo' es el personaje número uno del Cementerio Central: al que le hablan al oído, el de la
, el que recibe más visitas, el que tiene flores frescas todos los días. También es el único al que bañan con agua bendita y le ponen arroz en su tumba.
El judío milagroso
Leo Kopp es un muerto tan ilustre y afamado que los domingos y lunes, días en que acuden más personas a hablarle al oído, hay un falso cura católico (él prefiere que lo llamen sacerdote misionero) dedicado con exclusividad al
rentable negocio de orientar a los que vienen a pedirle favores al “judío milagroso”
. Según sus cálculos, no menos de mil personas visitan la tumba cada semana.
El misionero ofrece servicios sentado en una mesa sencilla que cubre con un mantel blanco tejido con aguja de croché. Sobre la mesa tiene lo necesario para ayudar a los vivos en sus charlas con los muertos: una biblia, un
con la “
Oración suprema al señor Jesús y al hermano Leo Sigifredo Kopp
” y un cuaderno donde anota los abonos y deudas de sus fieles por misas que le encargan.
Aunque la mayoría de personas le agradece a Leo Kopp con flores, cada semana hay por lo menos cuatro personas que
pagan $25.000 (cada una) por una misa de acción de gracias con sacerdote misionero frente a la tumba
. El falso cura aclara que cobra “no por la misa, sino por el estipendio del sacerdote, es decir, la plata para el transporte y el vino”.
Hacia las dos de la tarde se interrumpe el flujo de los que vienen a pegar la boca a la oreja de la escultura dorada y una mujer le lleva al misionero un portacomidas con el almuerzo (arroz, lentejas y un pernil de sudado de pollo) que devora en 15 minutos. Un fugaz beso en la boca hace las veces de postre.
Alguien
pregunta si la estatua en verdad cumple con lo que le piden.
El hombre se saca el palillo de la boca y aclara que 'el hermano Leo Kopp no obra milagros, solo
intercede ante Dios para que atienda las peticiones
que le hacen'. Aun así, cada una de las flores que viste a Leo Kopp es testimonio de gratitud y recibe tantas, que alcanzarían para poner una en cada tumba del cementerio. “Hay que tener mucha desesperación para buscar ayuda entre los muertos. Pero es que los vivos son más jodidos”, concluye el misionero.

