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La última entrevista de Fernando Botero en The New York Times

Meses atrás, el hijo del maestro Fernando Botero, Juan Carlos Botero, aseguró en La W que su padre estaba muy emocionado por la publicación de la entrevista en la que explicaba en qué consistía su propuesta estética.

La última entrevista de Fernando Botero en The New York Times

En un artículo titulado ‘Fernando Botero: El arte fue creado para dar placer’, la revista The New York Times publicó una entrevista realizada al maestro antes de su muerte en septiembre pasado, en la que reflexionó sobre su vida, legado y filosofía visual.

Dicha entrevista hace parte de una serie llamada ‘Turning Pointsen la cual los autores exploran lo que podrían significar los momentos críticos del presente año de cara al próximo.

Por eso, en aquella oportunidad, la entrevista tuvo la fortuna de conversar con el maestro Botero sobre su legado y su impacto en el mundo del arte meses antes de su fallecimiento.

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El artículo, escrito por Armando Arrieta, comienza recogiendo una de las frases predilectas del artista que fue recordada por su hijo Juan Carlos Botero en un panegírico: “Uno tiene que vivir enamorado de la vida”. Así, el NYT reflexiona sobre las dificultades en la vida temprana del artista que, no obstante, le permitieron vivir enamorado de la vida.

Más adelante, al ser consultado sobre su obra titulada ‘Taller de Costuras (2000)’ y de cómo esta obra puede hablar de su legado, Botero respondió que esta, como el resto, es una declaración de principios: “Es un manifiesto sobre lo que debería ser la pintura: una síntesis de color, composición, forma y boceto. El tema es casi sólo un pretexto para pintar”.

También aseguró que contiene algunos elementos autobiográficos, retratando a tres mujeres en un taller de costura igual al que tenía su madre después de enviudar a temprana edad.

Por otra parte, sobre el volumen en sus obras y cómo llegó a perfeccionar este estilo, Botero recordó que este fue un aspecto esencial del arte de la antigua Grecia y Roma: “Su presencia desapareció durante el Medioevo y solo fue redescubierto, siglos después, gracias a los primeros artistas del Renacimiento, empezando con Giotto. A partir de ese momento, su prevalencia se mantuvo intacta hasta la aparición del arte abstracto en el siglo XX”.

Para él, no obstante, este aspecto continuó siendo el más esencial “no solo porque permite crear la tercera dimensión y la ilusión óptica de la redondez y la profundidad sobre la superficie plana de la tabla, el lienzo, el papel o la pared, sino porque comunica belleza y sensualidad, que son las metas cardinales de cada una de mis obras”.

Más adelante, al conversar sobre cómo su natal Medellín y Colombia en general han estado plasmados en sus pinturas, Botero reflexionó: “Yo creo que para ser universal hay que empezar por ser parroquial, es decir local, y pertenecer a una tierra específica. Por eso amamos el arte de la antigua Grecia, el arte arcaico de la China y el arte arcaico de India, porque eran creaciones auténticas y locales”.

En ese sentido, recordó que el arte de Goya pertenece a España y el arte de Monet pertenece a Francia, de manera que estos artistas “lograron la universalidad al representar sus propios mundos y, al aprovechar sus raíces, aprovecharon las fibras más profundas de los puntos en común que todos compartimos”.

“En mi adolescencia, Medellín era una ciudad provincial, muy aislada del resto del país por las montañas que la rodean y que hacían tan difícil la construcción de caminos y carreteras. En los interminables desfiles de las fiestas patrias o religiosas de la ciudad, el alcalde del pueblo parecía que fuera el presidente, y el obispo parecía que fuera el papa. Para mí ir a misa [en esas ocasiones] era como ir al cine, y todos los elementos de esa sociedad dejaron una huella muy profunda en mi memoria”, añadió.

Para leer la entrevista en inglés al maestro Fernando Botero en The New York Times, visite: Fernando Botero: ‘El arte fue creado para dar placer’

La última entrevista de Fernando Botero en The New York Times