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No creo en Dios, no soy un asesino; ayudo al buen morir: Quintana, "doctor muerte"

Gustavo Quintana habló en La W sobre el caso de un hombre español que ayudó a su esposa a morir y de sus experiencias al aplicarle la eutanasia casi 400 personas.

Gustavo Quintana. Foto: W Radio

Gustavo Quintana, también conocido como el “Doctor Muerte”, habló en La W sobre el caso de un hombre en España que ayudó a “Bien morir” a su esposa quién padecía de esclerosis multiple y la discusión que genera la eutanasia en la sociedad.

Quintana ha practicado 399 eutanasias afirmó que “este fue un acto conmovedor y de profundo de amor”.

También, explicó por qué le dicen doctor muerte, “Es algo que llama la atención, soy quien administra una muerte con dignidad, donde cuenta la voluntad de la persona y en la que el paciente no siente absolutamente nada”.

“Es una muerte que sucede en menos de 10 minutos y le permiten tener una muerte de manera placida. Yo no soy un asesino, porque yo atiendo a personas que desean descansar” señaló.

Este médico, que en sus palabras lleva “toda su vida” haciendo eutanasias, “explicó cómo realiza el procedimiento, “no se ve dolor en las personas. Es un procedimiento donde le pongo la anestesia y después el despolarizante cardíaco, la persona entonces consume el aire que le queda y se va”.

Además, contó cómo su vida se ha relacionado con la religión, “yo vestí sotana de Jesuita, y con el mayor orgullo puedo decir que las enseñanzas que me dieron los Jesuitas y me dieron a entender que vine a servir, y una de ellas es el buen morir”. Añadió que, desde su perspectiva, Dios debe ser alguien misericordioso que no juzga este tipo de acciones y aclaró que no cree en él.

De hecho, afirmó que está de acuerdo con el aborto, “el derecho es tan solo de la mujer que concibe  porque será quién será la que se encargue de esa criatura”.

De igual forma, dijo que “hay una malinterpretación del juramento hipocrático, él nunca le haría a uno de sus pacientes un veneno, pero miremos las quimioterapias, son venenos y aun así se suministran”.

Para Quintana la función del médico es aliviar el dolor, no quitar ni dar la vida y por eso “quiero incluir un derecho y todo ser humano tiene el más sagrado derecho a determinar su propio final, ahí cabemos todos, desde el católico que quiere esperar a Dios, hasta quienes no se preocupan por eso”.

Sobre el precio, el médico afirmó que las privadas son costosas, pues los medicamentos valen más o menos cuatro millones de pesos. Este es un procedimiento que “no es gratis, cuesta lo de los medicamentos y lo que el paciente quiera darme de honorarios, en algunas ocasiones solo me dan los 30 mil pesos del transporte”.

Finalmente, contó un caso que no ha podido de olvidar de esos casi 400 ojos que vio cerrarse para jamás volver a abrirse, “Una paciente de 49 años que tenía una diabetes muy severa desde muy joven y perdió sus dos riñones a los 40, quedó ciega y le iban a amputar sus dos piernas, ella me pidió que le practicara la eutanasia, cuando llegué ella se encerró con su amiga, quien la maquilló y le puso los dos únicos aretes de oro que tenía y me dijo “Así de linda es como quiero llegar a mi final”, yo no pude evitar llorar”.