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Genocidio rohinyá: la historia de una minoría musulmana en Birmania

Este 25 de agosto se cumplió un año desde que el Ejército de Birmania lanzó una violenta operación en el estado de Rakáin contra la minoría musulmana rohinyá.

Rohinyá esperan en fila para recibir ayuda alimentaria en el campamento de refugiados de Kutupalong en Maynar Guna, cerca de Cox's Bazar, Bangladesh el 19 de diciembre de 2017. Foto: Agencia Anadolu

Por: Daniela Mendoza Valero

Ha pasado un año desde que el Ejército de Birmania emprendió una violenta operación contra la minoría musulmana rohinyá, considerada por la ONU como el grupo de personas más perseguido del mundo.

El éxodo de este pueblo ha llenado los titulares de los principales medios internacionales, que han retratado las atrocidades que se han cometido contra esta comunidad: más de 34.000 personas fueron quemadas, otras 114.000 fueron golpeadas y cerca de 17.718 mujeres y niñas rohinyá han sido violadas por el Ejército y la Policía de Birmania.

Las operaciones también han dejado más de 24.000 muertos y otros 750.000 desplazados, según un reporte publicado por la Agencia de Desarrollo Internacional de Ontario (OIDA).

De los desplazados, —la mayoría de los cuales huyen a pie hacia Bangladés— más del 40% son menores de 12 años y muchos otros son personas de edad avanzada que requieren asistencia y protección.

¿De qué huyen? Escapan de las Fuerzas Armadas y de hordas de budistas que quemaron sus aldeas, saquearon sus hogares y asesinaron hombres, mujeres y niños.

Las imágenes de la población cargando sus pocas pertenencias en sus hombros, a bebés o a ancianos que no podían caminar le dieron la vuelta al mundo. Llamaba la atención, sobre todo, que esto sucediera en un país liderado por la consejera de Estado Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de Paz en 1991 por su lucha por democratizar el país.

Un artículo de The New York Times publicado en 2016 vaticinaba una tragedia: “Pronto el mundo será testigo de un panorama extraordinario: una querida ganadora del Premio Nobel de la Paz que preside los campos de concentración del siglo XXI”.

¿Por qué era necesaria tanta crueldad? Los soldados birmanos “hacen esto intencionalmente; quieren causarnos sufrimiento”, denunció Khabibi Ulla, padre de Ensar, un niño de siete años que llegó a una unidad de emergencias en Bangladés con una pierna rota. Khabibi relató que tuvo que cargar a su hijo en una caminata que le tomó seis días para poder llegar a la frontera.

Según los refugiados, los militares obligaban a los niños a estirar sus piernas para luego pisotearlas. De esa manera no solo sufrirían más mientras intentaban huir, sino que les provocaría un trauma tan grande que nunca querrían regresar a su aldea.

Migrantes recientes o generaciones antiguas

La persecución contra esta minoría es tan debatible como su historia misma. Según las versiones de diferentes historiadores (como Jasmine Chia, Jaques Leider y Aye Chan), los musulmanes rohinyá llegaron al estado de Rakáin, en Birmania, entre el siglo VII d.C. y la década de 1950.

De acuerdo con la versión que señala que llegaron a mediados del siglo XX, los rohinyás son migrantes que llegaron a Birmania durante la época colonial –provenientes de Bangladés– para establecer su comunidad.

Pero se trataba de un grupo particular: era una comunidad musulmana en un territorio de mayoría budista. De hecho, para 2014 solo el 4,3% de la población de Birmania profesaba el islam, mientras que el 87,9% de la población era budista, de acuerdo con cifras arrojadas por el Ministerio de Trabajo, Migración y Población birmano.

Aunque la cifra de musulmanes en ese país es baja, con el paso del tiempo se ha visto un ligero aumento del 0,4% de la población que profesa el islam, en comparación con 1973.

De hecho, el aumento de la población musulmana en Birmania es considerado como uno de los factores que han influido en el conflicto. En entrevista con la Agencia Anadolu, el historiador Jaques Leider sostuvo que “la brecha demográfica entre la creciente comunidad musulmana y los budistas en Rakáin ha sido ignorada como un factor de tensión durante las últimas décadas”.

A pesar de que los rohinyá han vivido tantos años en la región –independientemente de si se trata de siglos o décadas–, el Gobierno de Birmania considera que son ajenos a su país.

En 1982, bajo la dictadura de Ne Win, se promulgó una ley de ciudadanía en la que se reconocieron 135 etnias birmanas, pero los rohinyá no se encontraban entre estos grupos. Desde entonces, el Gobierno ha considerado a esta minoría como apátrida.

La discusión sobre la caracterización étnica de los rohinyá quedó evidenciada en la reciente visita que realizó el papa Francisco a Birmania, en noviembre del año pasado, quien en su discurso pidió que se respetaran los derechos de todos los grupos étnicos de Birmania, pero no hizo mención alguna a la palabra “rohinyá” ni a la represión militar en el estado de Rakáin, hecho que fue bastante cuestionado.

El ciclo de violencia que no termina

Desde la independencia de Birmania, en 1948, los musulmanes que viven en el estado de Rakáin han sido sujetos a varias olas de represión y violencia. Las que más destacan son las de 1978, 1992, 2012, y la más reciente, que inició en agosto de 2017.

En 1978 se llevó a cabo la Operación Nagamin (Rey Dragón) bajo el mandato de Ne Win, realizada por el Ministerio de Migración y el Tatmadaw (Ejército de Birmania), con el fin de hacer un censo y expulsar a los “extranjeros” en el área.

En esta operación, más de 200.000 musulmanes rohinyá fueron violentamente desplazados de sus hogares y huyeron hacia Bangladés. Más tarde, ese mismo año, se logró un acuerdo de repatriación entre los dos países, por medio del cual 180.000 refugiados pudieron regresar a sus lugares de origen.

Más de dos décadas después, en 1992, otros 250.000 rohinyá fueron nuevamente forzados a huir de Rakáin como parte de las crecientes operaciones militares en el área.

Exactamente veinte años después, en 2012, la violación y homicidio de una budista desató la ira de los militares, quienes respondieron con una serie de ataques en represalia contra este grupo, los cuales se extendieron hasta 2013.

De acuerdo con un reporte publicado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), esta ola de violencia desencadenó el desplazamiento forzado de unos 170.000 rohinyá.

Rechazo mundial frente a la violencia birmana

Con la nueva ola de violencia que inició en agosto del año pasado, se reavivó el debate sobre el estatus legal de los rohinyá en Birmania. Numerosas personalidades en todo el mundo, como el futbolista Cristiano Ronaldo, que publicó una foto en febrero de un niño rohinyá con su padre en muestra de solidaridad con el sufrimiento de la minoría; o de Bono, el vocalista de U2, quien defendió a Suu Kyi en el pasado, pero aseguró sentirse “enfermo” ante la “limpieza étnica” en entrevista con la revista Rolling Stone.

Una de las respuestas a la crisis rohinyá que más se ha destacado es la de la actriz Cate Blanchett, quien, en un discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU esta semana, relató las “desgarradoras” historias que escuchó de los refugiados rohinyá en su vista a Bangladés en marzo de este año.

“En 1978, 200.000 refugiados rohinyá llegaron a Bangladés, huyendo de la brutalidad y los abusos generalizados. Gul Zahar, una joven rohinyá, se encontraba entre las personas que huyeron. Catorce años más tarde, en 1992, otra ola de violencia forzó a 250.000 rohinyá apátridas a buscar seguridad una vez más en la vecina Bangladés. Una vez más, Gul Zahar estuvo entre los que huyeron. Hoy en día, hay 900.000 refugiados rohinyá apátridas en Bangladés. Gul Zahar, ahora de 90 años de edad, lamentablemente está entre ellos una vez más”, relató Blanchett.

Pero las reacciones no se limitan a las personalidades del entretenimiento. Numerosas organizaciones también han condenado los actos de agresión contra los rohinyá.

El recién nombrado secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, aseguró en entrevista con la Agencia Anadolu que el último informe de la ONU se suma a la montaña de pruebas del genocidio de Birmania contra los musulmanes rohinyá. “No es solo un conflicto. Es una apuesta deliberada y calculada del Ejército de Birmania. Es equivalente a genocidio y limpieza étnica”, aseveró Naidoo.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, le pidió este martes a los Estados miembros del Consejo de Seguridad que insten a Birmania a cooperar hacia una solución a la crisis humanitaria que viven los musulmanes rohinyá.

Guterres describió la situación como “una de las peores crisis humanitarias y de derechos humanos en el mundo”.

“Un padre se desmoronó cuando me contó cómo su hijo fue asesinado a tiros delante de él. Su madre fue brutalmente asesinada y su casa fue incendiada. Se refugió en una mezquita solo para ser descubierto por soldados que lo maltrataron y quemaron el Corán”, relató el jefe de la ONU.