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Así es la casona donde Bolívar planeó dos grandes batallas hace 200 años

En la zona de campo de la casona ubicada en el valle del Tundama cientos de hombres fueron sepultados.

Narran que los cuidadores sientes pasos, que los aprisionan o ven una mujer de la época.. Foto: La W

En Duitama una casona donde funciona el grupo de Caballería Mecanizado número uno Silva Plazas Vega, fue el lugar donde el libertador, Simón Bolívar, planeó dos grandes batallas, enterró a varios de sus hombres y ajustició a sus enemigos realistas.

Ese sitio, que se convirtió en el cuartel donde reposó el libertador Simón Bolívar hace 200 años tras cruentas batallas y recorridos agrestes, fue construido en 1585.

“La familia Castilla y Guevara fue afecta a la causa de la época Republicana y esto va a permitir que en esto sitio se instale uno de los campamentos del Ejército Libertador”, cuenta el historiador del Ejército, teniente Iván Leonardo Cisneros.  

La infraestructura de la casona es colonial, de árboles corpulentos, caminos empedrados, habitaciones que sirvieron como centro asistencial para los heridos en 1819. También una mazmorra o calabozo donde se dio disciplina a los traidores y enemigos del Ejército Patriota.

“Los heridos de gravedad, significaba la muerte, y eso va a ocurrir aquí. Muchas tumbas de cientos de patriotas, británicos y realistas reposan en estos campos”, narra el teniente Cisneros.

La habitación de Bolívar estaba en el segundo piso de la casona, la ventana le permitía observar la vegetación, los bellos amaneceres del Tundama y el tiempo que requería para planear las batallas del Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá. “Bolívar tenía su habitación privada donde pudo reposar y tomar nuevos aires para asumir las nuevas batallas”.

En la casona, exisitió una mazmorra en la que hoy funciona un museo con paredes castigadas por el tiempo, fotografías de los pueblos que hicieron parte de la ruta libertadora, los viejos muebles de la época y los olores penetrantes de humedad.

Desde ese museo y parte alta de la casona se siente el eco del horror de las torturas de hace 200 años a los realistas y los enfermos que perecieron después de luchar durante días por mantenerse con vida, pero que terminaron en un campo de 300 hectáreas.

Diana Guacaneme quien hace mantenimiento de la casona y es orgánica del Ejército, cuenta que los cuidadores sientes que los aprisionan, sienten pasos o ven una mujer de la época. “La verdad los únicos que tenemos traje de hace 200 años soy yo y un compañero que se viste de soldado para que los turistas se sientan como en la época”.

Según el teniente Cisneros, investigadores adelantan actividades arqueológicas, en esas hectáreas donde quedaron cientos de cuerpos de realistas y patriotas.