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(Audios) Julio Cortázar, 104 años en su voz

Cortázar fue quien le escribió a la cotidianidad; a los misterios que guarda una vieja casa, a la forma de dar un beso y a lo complicado que puede ser darle cuerda a un reloj.

Julio Florencio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Foto: Colprensa

Julio Florencio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914, hijo de padres argentinos que ejercieron labores políticas en la capital belga.  Hasta sus cinco años Cortázar vivió en Europa, mudándose a Suiza, Italia y España por las obligaciones diplomáticas de su padre.

En 1920, el matrimonio de los Cortázar se vio fracturado, Julio y su hermana Ofelia regresaron a Argentina en compañía de su madre, María Herminia Dascotte, sin saber nunca más el paradero su padre, Julio José.

Tras su regreso a Banfield, al sur del Gran Bueno Aires, María Herminia, una mujer que logró dominar 4 idiomas,  trabajó como secretaria de abogados y empresarios en una sociedad que le impedía a las mujeres escalar laboralmente.

Mientras su madre se ausentaba, Julio se refugió en la lectura, sin salir mucho logró fascinarse de los aterradores relatos de Edgar Allan Poe. Al ver el aislamiento de su hijo, María Hermenia le prohibió los libros, una medida extrema para que tomara más el sol.


Julio Cortázar publicó su primer relato a los 32 años de edad: Casa Tomada. foto: Colprensa

Desde sus veinte años, Julio trabajó como profesor de literatura, sin embargo, en 1946, con el gobierno de Juan Domingo Perón, decidió renunciar, “preferí abandonar mis cátedras antes de verme obligado a acomodar mis clases con lo que quería el Gobierno”.

Ese mismo año, ya habiendo superado el miedo de exponer sus cuentos, Julio Cortázar publicó su primer relato a los 32 años de edad: Casa Tomada.

Casa Tomada es un cuento con tintes de misterio y fantasía, que expone la historia de dos hermanos, Irene y el narrador, que se niegan a abandonar su viejo hogar. Una noche, mientras Irene teje, llega una extraña presencia que se va tomando la casa poco a poco.

Ya aterrados por la extraña presencia, los dos hermanos deciden rendirse, escapan sin sus pertenencias  y se prometen no volver a entrar a la casa en la que siempre han vivido.

“Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.

En 1962, ya habiendo abandonado Argentina para radicarse en Francia, país donde Cortázar desempeñó varios oficios, como traductor, narrador de boxeo y asistente en una oficina postal. El escritor, tras salir de una función musical en el Teatro de Los Campos Elíseos,  crea tres de sus personajes más famosos: los cronopios,  los famas y las esperanzas.

Estos tres personajes hacen parte de una recopilación de cuentos cortos que lleva por nombre "Historias de Cronopios y Famas".  Los cronopios son personajes artísticos, que no le temen a improvisar en su día a día, siendo muchas veces víctimas de su poca precaución; las famas, más rígidas que los cronopios, son seres rudos, muy atados a su papel en la sociedad. Por último, “las esperanzas son personajes intermedios, que están un poco a mitad de camino, sometidas a la influencia de los famas o de los cronopios, según las circunstancias”, tal como lo expuso el propio escritor.

En esta misma recopilación de relatos, "Historias de Cronopios y Famas", Julio Cortázar también sorprende al lector con una sección que lleva por nombre “Instrucciones”, un apartado dedicado a explicar acciones cotidianas.

De lo anterior, un claro ejemplo es “Instrucciones para Darle Cuerda a un Reloj”, espacio en que el escritor ilustra lo esclavizante que puede ser un reloj, porque, como lo expuso el propio Cortázar, “cuando te regalan uno, tú realmente eres el regalado, el que está obligado a verlo cada media hora”.

En el año 1963, siendo ya  un reconocido escritor tanto en el círculo intelectual americano como francés, Julio Cortázar decidió escribir una novela sin orden concreto, la que pudiera variar según las decisiones del lector: Rayuela.

En este texto Cortázar expuso varios de sus fragmentos más románticos, cabe resaltar el capítulo 7, donde el escritor detalla  un beso entre dos enamorados.