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Cinco bibliotecas rurales que transforman sus comunidades desde la cultura

Lugares para preservar antiguas tradiciones, despertar inexplorados intereses, intercambiar experiencias y mostrar mundos posibles. Estas bibliotecas son mucho más que estanterías de libros.

Sonia Yaima

Sonia Yaima

Desde San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de América, hasta Barrancominas en Guainía, el municipio más nuevo del país, las bibliotecas rurales son espacios de enorme valor comunitario.

Colombia Visible, el proyecto de W Radio dedicado a encontrar historias inspiradoras en todos los rincones de Colombia, seleccionó cinco de estas iniciativas para conocer su impacto en las comunidades que las rodean.

Allá en Palenque, por ejemplo, en la Biblioteca Pública Comunitaria de San Basilio de Palenque, Karina Herrera, su bibliotecaria, se ha dedicado a recuperar y fortalecer uno de los elementos más importantes de la cultura local: su lengua tradicional.

A través de programas como ‘Kandá Kriví’, que en palenquero significa ‘Cantando y Escribiendo’, o ‘Letúa andi bo ta’ que significa ‘Lectura donde tú estás’, entre varios otros, Karina ha recuperado entre los más jóvenes del municipio un elemento que, dice, “nos define como palenqueros, una parte muy importante de nuestra identidad y de lo que somos como individuos y como pueblo”.

Foto: Karina Herrera

Foto: Karina Herrera

Por otra parte, en la otra costa colombiana, el litoral pacífico, y más específicamente en la vereda fronteriza de Imbilí Carretera, en Tumaco, la Biblioteca Comunitaria Fundación Juvenil Alto Mira y Frontera, dirigida por Maité Rosales, se ha consolidado como un espacio multifacético.

Es, al mismo tiempo, un lugar seguro para los jóvenes de la vereda, azotada por múltiples tipos de violencia que van desde el conflicto armado y el pandillismo, hasta la falta de oportunidades que condena a los jóvenes al reclutamiento forzado; un lugar de fortalecimiento académico, en tanto funciona en estrecha conexión con la institución educativa de la vereda; un lugar para la revitalización y la preservación de las costumbres y tradiciones del pueblo afropacífico, pues la biblioteca es escenario de encuentros con ‘sabedoras y sabedores’ tradicionales y es también un lugar para conectar al territorio y a los jóvenes que lo habitan con oportunidades, tanto educativas como laborales.

Foto: Biblioteca Comunitaria Fundación Juvenil Alto Mira y Frontera

Foto: Biblioteca Comunitaria Fundación Juvenil Alto Mira y Frontera

De la misma manera, en medio de la densa selva amazónica y específicamente en Barrancominas, Guainía, la Biblioteca Pública de Barrancominas se ha consolidado como un espacio para el intercambio de saberes entre el mundo indígena y el mundo ‘occidental’.

Así, en un municipio de población mayoritariamente sikuani y piapoco, Vanesa Arias, la bibliotecaria, ha ideado una serie de programas con los que, por un lado, ha llevado la lectura, el arte y el cine, entre otras cosas, a las poblaciones que habitan el bosque, al tiempo que de ellas ha podido extraer conocimientos tradicionales como cómo hacer una torta de casabe, así como sus lenguas y cómo se fabrica un arco y una flecha.

Foto: Vanesa Arias

Foto: Vanesa Arias

Un poco más al norte, en el vecino departamento de Vichada y específicamente en el corregimiento de Nueva Antioquia, un caserío a la orilla del río Meta y perteneciente al municipio de La Primavera, se encuentra la Biblioteca Pública de Nueva Antioquia.

Allí, Luz Flarena Gutiérrez, encargada del lugar, se ha dado a la tarea de llevar los libros y las posibilidades que de ellos se desprenden a una población que antes de su llegada no se interesaba en lo más mínimo por la lectura, pero que hoy ve en ella enormes oportunidades de aprender, conocer e imaginar.

Así, con lecturas al aire libre bajo los árboles, Luz Flarena ha seducido a la juventud y a la población en general, que ahora aguarda con ansias los anuncios de actividades en la Biblioteca.

Ya lejos de la llanura, en el corregimiento de La Arada, municipio de Alpujarra, en el suroriente tolimense, la Biblioteca Pública José Ignacio Narváez García pasó de ser, gracias al trabajo de Sonia Yaima, bibliotecaria, el lugar más olvidado del pueblo, al más importante.

Tanto que Sonia lo compara con la iglesia y la estación de policía. No solo porque a través de sus programas y actividades de promoción de lectura ha inculcado el amor que ella misma tiene por los libros, sino porque el lugar se ha consolidado como un espacio de reunión y encuentro para la juventud, y ella como una líder de la comunidad, en tanto desde la biblioteca ha podido canalizar las peticiones y reclamos de la comunidad a la alcaldía municipal y otras instituciones.

Sonia Yaima

Sonia Yaima

Además, cuenta ella, se ha convertido en cercana amiga y confidente de la juventud de La Arada, que constantemente la busca para charlar de sus problemas cotidianos, ayuda con el colegio o, incluso, solo para pasar el rato a su lado en la biblioteca.

Es así, entonces, que las bibliotecas rurales en las regiones de Colombia son, además de espacios para la promoción de la lectura y el conocimiento, lugares fundamentales en las dinámicas comunitarias y en la vida de las personas.

 

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