Mundial Qatar 2022

Así celebró la hinchada de Argentina el paso a semifinales del Mundial de Qatar

Los hinchas de Argentina celebraron con cantos el paso de su selección a la semifinal tras vencer a Países Bajos.

Hinchas de Argentina en Qatar. (Photo by Alberto PIZZOLI / AFP) (Photo by ALBERTO PIZZOLI/AFP via Getty Images) / ALBERTO PIZZOLI

Argentina se conmovió hasta los cimientos con los alaridos de gol y las atajadas en los penales, más el tiro del final acertado de penal por Lautaro Martínez para saltar a semifinales de Qatar-2022 con victoria ante Países Bajos.

Un padecimiento indecible vivió la Argentina futbolera. Tenía atrapado el pase y le empataron en el último segundo 2-2. Se pasó al agónico alargue y a la lotería de los doce pasos.

“¡Sufrimiento terrible! Pero Argentina merecía la victoria”, dijo a la AFP Lautaro Navarro, de 36 años, profesor de Física.

Los goles de Nahuel Molina y Leo Messi, y los penales atajados por Emiliano ‘Dibu’ Martínez, más el tiro de doce pasos embocado por Lautaro causaron el estallido de euforia.

Federico Tapia, 31 años y estudiante.refexionó: “Hay un equipo joven, con mucho fútbol y en otros mundiales eran dubitativos”.

“Soy brasileña, estoy triste. Pero estoy feliz por América Latina”, dijo Jaissa, 23 años, funcionaria pública.

El desahogo hizo estremecer bares, pizzerías, casas, barrios, el país de norte a sur.

“Tomá y hacelo, che”, ilustra a la AFP Nicolás Morguen, un psicólogo de 28 años al recordar el mágico pase-gol de Messi al lateral.

En una tarde soleada de calor agobiante, fue la hora de cantar otro verso del hit ‘argento’: “Muchachoooooos, ahora nos volvemos a ilusionaaaaar” del popular grupo de música festiva La Mosca.

“(Ángel) Di María es  importantísimo pero sin él desde el comienzo no se afecta la idea colaborativa. Scaloni logró funcionamiento de juego en equipo. No se notan tanto las individualidades”, afirma a la AFP Mariano Procopio, docente de Educación Física, de 54 años.

Procopio dice no creer “ni en héroes ni salvadores”. El aire se venía cortando con un cuchillo en los bares, con las calles de nuevo semidesiertas y  fantasmales.

Afuera era un paisaje de hinchas con sombreros de arlequines albicelestes o banderas atadas a la espaldas, como capas de superhéroe.

En los interiores, ambiente de tribuna de cancha. De pronto se canta el estribillo que atruena desde hace más de 40 años en estadios de todo el mundo: “El que no salta, es un ingleeees”, dando saltitos. Y le cambian la versión para estar a tono: “El que no salta, es holandéees”.

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