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El emotivo homenaje del Washington Post al maestro Fernando Botero

El diario estadounidense publicó un artículo en el que destaca las obras más importantes del artista colombiano.

Fernando Botero. Foto: Getty Images.

Fernando Botero, un artista colombiano que desarrolló un estilo característico pintando figuras infladas, pero sensuales con un toque caprichoso o satírico, y que se diversificó en esculturas monumentales que adornaron algunos de los bulevares más emblemáticos del mundo, murió el 15 de septiembre en un hospital de Mónaco. Tenía 91 años”. De esta manera, inicia el artículo que el Washington Post hizo de la muerte del maestro Fernando Botero y en el que se le rinde un emotivo homenaje.

El pintor, escultor y dibujante Fernando Botero Angulo murió en su casa en el principado de Mónaco a los 91 años este 15 de septiembre, según lo confirmó Julio Sánchez Cristo, director de W Radio.

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El pasado 14 de septiembre, Sánchez Cristo informó que envió al maestro Fernando Botero sus “buenos pensamientos a uno de los colombianos más ilustres que nos han representado en el mundo entero” por cuenta de un reciente quebranto de salud que padeció.

En este caso, el Washington Post, señala en uno de sus apartes que la estética de Botero (a menudo denominada Boterismom) “se convirtió en una atracción importante en los museos de arte contemporáneo y decoró los Campos Elíseos en París, Park Avenue en Nueva York y el Paseo de Recoletos de Madrid, entre otras vías reconocidas, así como parques y plazas de Buenos Aires a Moscú y Tokio. Sus emblemáticas figuras de gran tamaño ayudaron a atraer la atención mundial hacia los artistas latinoamericanos en la segunda mitad del siglo XX”.

Y en otro aparte se lee: “con inexpresiva irreverencia, recorrió las escenas urbanas burguesas de Colombia en busca de imágenes de extravagancia, pomposidad y avaricia. Al principio de su carrera, Botero aprovechó fuertes contrastes visuales: pequeñas serpientes, loros, moscas y plátanos adornan sus retratos de toreros, obispos, prostitutas, acróbatas, bailarines de salón y políticos dirigibles. Los hombres de rostros rechonchos lucen bigotes diminutos; señoras corpulentas fuman cigarrillos en miniatura”.

“Sus figuras en el lienzo y fundidas en bronce eran a menudo voluptuosas y astutamente fantasiosas, aunque más tarde recurriría a temas más oscuros inspirados en acontecimientos actuales, como la violencia del narcotráfico en Colombia y la tortura en la prisión de Abu Ghraib en Irak, administrada por Estados Unidos.

El trabajo de Botero era muy popular y podía venderse por millones de dólares. Sin embargo, los críticos, especialmente en la década de 1960, no siempre aprobaron su trabajo. Algunos lo descartaron como un truco o una caricatura. Un crítico de ARTnews una vez menospreció sus figuras agrandadas calificándolas de “fetos engendrados por Mussolini en una campesina idiota”, señala otro aparte de la nota.