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El Caribefunk: la banda que convirtió la nostalgia del Caribe en un género musical propio

El Caribefunk regresó a Colombia con una historia que ya es leyenda: una banda que nació en Buenos Aires, creció tocando para ocho personas, sobrevivió intercambiando comida por canciones y terminó convertida en uno de los proyectos más originales del Caribe contemporáneo. Nominados al Grammy y con cientos de ciudades recorridas, su relato es un testimonio de fe, viaje y resistencia creativa.

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El Caribefunk: la banda que convirtió la nostalgia del Caribe en un género musical propio

La historia de El Caribefunk no se parece a la de ninguna otra banda colombiana. Su origen no está en Cartagena ni en Barranquilla, sino en una Buenos Aires fría, lejana y ajena al Caribe. Fue allí, en 2012, donde un grupo de amigos decidió transformar la nostalgia por su tierra en un sonido nuevo: un género propio que bautizaron Caribe Funk, una mezcla espontánea entre la esencia rítmica del Caribe colombiano y la energía del funk que descubrieron “jammeando” en pequeños departamentos.

Funk-cho Salas, vocalista y cofundador, recuerda que incluso antes de ser una banda, la idea era inventar un género. El proyecto originalmente se llamaba Foncho y el Caribe Funker, un nombre largo que no funcionaba para la escena independiente del momento. “Caribe Funk” terminó siendo la síntesis perfecta de lo que querían contar.

Los inicios fueron intensos y precarios. Tocaban para ocho, quince o cuarenta personas hasta que los bares quedaron pequeños. Antes de vender entradas, sobrevivían literalmente gracias al intercambio: un restaurante de barrio les permitía almorzar a cambio de tocar durante el servicio. En otras ocasiones se presentaban cuatro músicos cobrando como si fueran dos, solo para poder mantenerse activos. También hubo jornadas en el subte, conciertos callejeros y viajes improvisados a pueblos donde el público empezaba a multiplicarse.

Con el tiempo dieron un paso radical: entregaron su casa en Buenos Aires y se lanzaron a una gira permanente, una vida nómada que los llevó por más de 250 ciudades en el mundo.

El recorrido solo se detuvo durante la pandemia. A Funk-cho Salas lo sorprendió el confinamiento en Cartagena, “en el barco de un amigo”, un encierro atípico que se convirtió en un espacio de reflexión profunda sobre su proceso creativo y sobre la necesidad de enraizarse después de tantos años viviendo en la ruta.

Paradójicamente, fue en Argentina donde la banda volvió a conectarse con lo que había rechazado durante la adolescencia rockera: el vallenato, la salsa, la música tradicional del Caribe colombiano. La distancia despertó una añoranza tan fuerte que terminó guiándolos a reinterpretar los sonidos que habían acompañado su infancia. El público argentino, deseoso de “viajar” a través de la música, encontró en ellos un portal hacia un Caribe cálido y luminoso en medio del invierno austral.

Funk-cho reconoce que probablemente la historia no habría sido igual si se hubieran quedado en Colombia. En su entorno cercano persistía una crítica más destructiva que constructiva, un ambiente que lo llevó a buscar nuevos horizontes. La falta de fe hacia los artistas emergentes y los altos costos de la educación musical terminaron por empujarlo a emigrar. “La vida es un acto de fe”, afirma hoy, recordando cómo escribía canciones y aprendía de manera autodidacta sin acceso a formación profesional.

Hoy, trece años después, El Caribefunk cuenta con cinco álbumes y una nominación a los Premios Grammy. Su camino les ha permitido crear una “biblioteca global” de experiencias con músicos, investigadores y personas comunes que han marcado su visión artística. Para Funk-cho, cada canción es una catarsis, una migaja de pan para reencontrarse consigo mismo cuando la vida se oscurece.

Durante la entrevista en La W, Funk-cho Salas ofreció una primicia: interpretó una canción inédita, íntima y profundamente personal. Una pieza que resume su filosofía: soltar el peso, vivir el presente, cantar para sanar y permitir que la música sea un refugio en medio de la tormenta.

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