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Funcionarios del Consejo de Estado denuncian a sus jefes por acoso laboral

A través de un extenso anónimo, se conocieron graves denuncias de acoso laboral, abuso de poder y despidos injustificados en el Consejo de Estado.

Exservidores y servidores del Consejo de Estado han hecho llegar a las autoridades una serie de denuncias. Foto: Colprensa

Exservidores y servidores del Consejo de Estado han hecho llegar a las autoridades una serie de denuncias. Foto: Colprensa

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Vuelve y juega: en las altas cortes, se siguen presentando denuncias de acoso laboral contra los magistrados.

En esta oportunidad, se conoció que un grupo de exservidores y servidores del Consejo de Estado han hecho llegar a las autoridades una serie de denuncias contra dos consejeros de la Sección Segunda y Tercera.

En otras noticias:

Se trata de Guillermo Alfonso Sánchez Luque y Hernando Sánchez Sánchez, quienes, según las denuncias, son señalados por malos tratos,  acoso laboral y abuso de posición de poder.

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SOBRE EL CONSEJERO GUILLERMO SÁNCHEZ LUQUE:

Es constante la descalificación y trato humillante con sus subalternos, así como el uso de groserías cuando no se encuentra complacido con las labores ejecutadas o está de mal humor.

Suele burlarse de sus subalternos según su estado de ánimo. Se tiene un antecedente de burlas contra una empleada suya, compañera de nosotros, que padecía un problema funcional físico al caminar. Ella fue objeto de burlas en varias ocasiones, incluso cuando recibió clases con esta persona en una reconocida universidad del país.

Se jacta de su poder sobre las personas y se evidencia su maltrato hacia aquellos que puede despedir bajo ejercicio abusivo de la facultad de libre nombramiento y remoción, la que ha llevado en varias ocasiones a despidos injustificados y que se mantengan vacantes en su despacho casi siempre.

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SOBRE HERNANDO SÁNCHEZ SÁNCHEZ:

Es quizás el despacho del Consejo de Estado que ha tenido más cambios de empleados por el capricho o maltrato de su titular, el cual es ampliamente conocido por su constante mal genio y maltratos hacia su personal.

Este magistrado se burla de sus subalternos, diciéndoles de manera reiterada que puede hacer con sus trabajos lo que le venga en gana.

Es ampliamente conocido por: 1. Haber despedido a una juez que pretendía vincular en su despacho el mismo día de su posesión y 2. Haber presionado la renuncia de un número significativo de personas con poca vinculación laboral en su trabajo bajo el pretexto de que “no se entendieron”.

La persecución laboral de este magistrado hacia sus empleados es tan compleja que los hace tener reuniones extensas de tres horas o más de tiempo por fuera del horario laboral, los días sábado, domingo e inclusive festivos.

Es de conocimiento público que no contestarle una llamada por fuera del horario laboral es motivo suficiente para prescindir de los servicios de la persona bajo la figura del “libre nombramiento y remoción” o de retaliaciones posteriores como exigir que asistan al Palacio de Justicia desde las 6:00 o 7:00 de la mañana hasta altas horas de la tarde, de acuerdo con su estado de ánimo.

Es un magistrado que suele condicionar los permisos a labores excesivas por fuera del horario laboral con pretexto de compensar el tiempo.

Es un magistrado que entorpece la labor judicial por medio de la descalificación y humillación de sus sub alternos y no permite un acceso efectivo a la administración de justicia porque en la mayoría de casos siempre objeta hasta la providencia más sencilla (traslados, reconocimientos de personería, admisiones de apelación). 

Es de conocimiento público que su poca idoneidad en la labor judicial lo ha llevado a sostener discusiones absurdas o poco productivas durante extensas horas, días y a veces semanas sin respetar los espacios libres de las personas a su cargo o a los usuarios de la administración de justicia.

En una ocasión hizo una reunión en un día sábado con el único fin de determinar si un auto inadmisorio debía decir en su resolutiva inadmitir o corregir, lo que denota su poco conocimiento de la actividad judicial y el entorpecimiento de las labores judiciales.

Su mala fama como magistrado es una verdad a voces que todos saben en el Consejo de Estado, pero nadie había sido capaz de denunciar hasta este momento, pero que puede ser verificable entrevistando a sus subalternos o midiendo su producción.

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