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Funeral privado para el colombiano Henry Díaz, víctima de la tragedia del puente de Génova

Por culpa del mal estado del puente Morandi de Génova, la estructura se vino abajo el pasado 14 de agosto. Dejó más de 40 personas fallecidas.

Gracias a su amor por el Inter de Milan, una bandera con los colores azul y negro cubrieron los restos de Henry Díaz. Foto: Néstor Pongutá

Aunque Henry Díaz era ingeniero y estudiaba mecánica de aviación, buscaba ganarse un dinero extra en esta temporada de vacaciones. Por ello, en su Opel acostumbraba a hacerles tours y vueltas pequeñas a amigos y conocidos del pueblo de Uscio. Allí era donde vivía desde hace 15 años, junto a su mamá Nora y su hermano Emmanuel.

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Ese día, una señora vecina del pueblo lo llamó y le pidió  que la llevara a Génova junto a su pequeño gato. Lo que nunca se imaginó es que este sería su último viaje. Hacia las 11:40 de la mañana, cuando pasaba –como tantas veces lo hacía– por el famoso puente colgante Morandi, este se vino abajo como si fuera de papel. El colapso se llevó consigo a otros 30 carros que pasaban en ese momento por la vía A10.

Cuando su familia supo del derrumbe, comenzaron a llamar a Díaz y al ver que no contestaba el celular ni respondía los mensajes, pusieron la transmisión de la tragedia en la televisión. En una de las imágenes, reconocieron el Opel amarillo y su mamá comprobó su fatal pálpito.

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Luego de seis días de la tragedia, familiares y amigos se reunieron en la Catedral de Sant Ambrogio en Uscio y lo despidieron, además de familiares y amigos, el alcalde Giuseppe Garbarino y la cónsul de Colombia en Milán, Gloria Gómez.

Henry Díaz, que había nacido hace 30 años en El Peñol (Antioquia), era un carismático joven muy querido por todos y una de sus grandes pasiones era el Ínter de Milán. Este equipo lo había conocido de cerca gracias a su amigo, el excapitán de la selección Colombia y estrella del Ínter por más de una década, Iván Ramiro Córdoba.

Díaz ayudó a Córdoba en muchas actividades a su fundación para niños de bajos recursos. Gracias a su amor por el equipo lombardo, una bandera con los colores azul y negro cubrieron sus restos para siempre.