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Ese “Dios los bendiga” es una ofensa: víctimas de DMG en Boyacá

Los ahorradores dicen que además de cárcel David Murcia Guzmán deberá repararlos.

Juan Pablo Romero y cuatro integrantes de su familia invirtieron sus ahorros.. Foto: Colprensa

Juan Pablo Romero era un adolescente, hace más de nueve años cuando se acercó a las instalaciones de DMG, ubicadas en el barrio Maldonado en Tunja, en donde le pintaron un gran negocio y en las mismas en las que se dio cuenta que se trataba de una estafa…

“Yo perdí los ahorros de ese entonces, porque cuando invertí era bastante joven. (…) Me dio durísimo, era dinero que tenía pensado para otras cosas”, cuenta.

La ilusión de ver ganancias a corto plazo, la invasión de volantes y testimonios en la capital boyacense para ser parte de la familia DMG, lo convencieron de invertir, pero todo quedó ahí en un sueño.

También saque una plata prestada. La preocupación porque tenía que pagar la deuda. (…) Saber que tenía que pagar una plata que ya estaba pérdida”, repite Juan Pablo.

Reconoce que no fue el único en perder dinero, pues al menos cuatro integrantes de su familia invirtieron sus ahorros. Por la época la Superintendencia Financiera anunciaba intervención de la captadora ilegal, mientras que la Fiscalía procesaba en los estrados judiciales a David Murcia Guzmán, el cerebro de DMG, noticias que se convirtieron en tema de conversación diaria en el núcleo familiar.

“Principalmente que si habíamos leído o escuchado noticias sobre como el estado podría recuperar nuestro dinero, entonces más que todo compartíamos ese tipo de información”, dice.

Juan Pablo, es tímido cuando se le pregunta cuánta plata perdió, no es fácil reconocer ni para él ni para nadie ser víctima de una estafa, y como si fuera un aliento cuenta que su familia no fue la única en caer en esa trampa. “Conozco personas que invirtieron muchísimo más y perdieron mucho más”.

Ver subir en un avión a Murcia Guzmán rumbo a los Estados Unidos, agudizó la incertidumbre de los ahorradores porque el responsable de una de las mayores estafas del país, se iba sin decir quien respondería por sus dineros; en el caso de Juan Pablo con el tiempo se resignó y no hizo parte de las manifestaciones de algunos incautos que veían como mártir al cerebro de la captadora.

“El dinero tarde que temprano llegará afortunadamente tenemos buena salud y nos fuimos recuperando poco a poco”, cuenta.

Juan Pablo cuenta que estuvo muy al tanto, después de nueve años, de la deportación Murcia Guzmán y escuchó la respuesta de “Dios los bendiga”, cuando la prensa le preguntó: “¿cómo iba a responder para reparar a las víctimas”.

“Yo lo tomo como una ofensa (Dios los bendiga), queriendo decir que esa reparación no va a llegar”, dice.

Lo que si cuestiona Juan es que después de tantos años no se volvió a hablar del tema de los dineros y propiedades incautadas a Murcia Guzmán para reparar a las víctimas.