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Con Eduardo Peña


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Jenny Paola Prado Montes, 36 años, dragoneante del INPEC, es #UnaMujerW

Esta mujer no solo ha dedicado a vigilar a los hombres más peligrosos del país, sino que vela porque estos puedan resocializarse, que puedan aprender un oficio y que estudien.

Jenny Paola Prado Montes, 36 años, dragoneante del INPEC, es #UnaMujerW. Foto:

Paola cambia cuchillos por libros en el pabellón dos de la cárcel modelo de Bogotá, en donde se encuentran recluidos los hombres más peligrosos del país:

“La idea surgió con un personal de internos para crear bibliotecas dentro de los patios del establecimiento, crear espacios más agradables y tener una mejor convivencia, esta actividad se realizó en el pabellón dos, específicamente donde se cambiaron un cierto número de armas de fabricación carcelaria, cuchillos o chuzos, por libros para darle inicio al proyecto de la biblioteca. Los libros fueron donados por personas que hicieron parte de esta actividad, libros que tenían en su casa, sin uso, en buen estado, entonces si tú tienes un libro en tu casa que no utilices que esté en buen estado y lo puedas donar al establecimiento, te lo agradecería mucho para seguir con el proyecto”, solicita Jenny Paola Prado Montes

Paola siente que los libros son un aliciente para los internos en medio de un ambiente tan hostil y tan duro:

“Para mí lo más difícil siempre ha sido ver ingresar y salir los niños, sobre todo después de que termina la visita a sus papás o a sus mamás, porque le parte a uno el alma ver a los niños hechos un mar de lágrimas pidiendo a sus papás, pidiendo que no se queden ahí, que los dejen con ellos, eso ha sido un tema complicado y una de las cosas más difíciles en mi trabajo”: recuerda la dragoneante.

A pesar de esto, y del riesgo que corre si se altera el orden interno de la cárcel, Paola no se siente tan vulnerable:

“La verdad todos tenemos el mismo entrenamiento. Pero cuando trabajas en un establecimiento masculino, no puedes comparar la fuerza de un hombre con la de una mujer, esa es la única parte que lo hace a uno vulnerable en el evento en el que haya un suceso de seguridad o algún problema interno. En lo demás, todos estamos en igualdad de condiciones y todos trabajamos igual”, asegura Paola.

Paola es una creyente. Cree en las segundas oportunidades, en la capacidad de reinventarse y en la labor de resocialización de una muy criticada institución:

“El INPEC es una buena institución. Por ejemplo, tiene herramientas de estudio y de trabajo para los internos para que ellos tengan una segunda oportunidad de vida. En estudio, muchos han sacado su bachillerato adelante, otros han sacado sus carreras profesionales adelante, otros han aprendido a leer y a escribir porque llegan analfabetas y dentro de la cárcel aprenden. Además, también hay áreas de trabajo donde los internos aprenden labores, aprenden a coser, aprenden a trabajar con madera, aprenden bisutería, telares y tejidos, diferentes cosas que les pueden servir en el momento de reinserción a la vida social. Hay muchas oportunidades que los internos aprovechan para tener una mejor calidad de vida, ayudar a sus familias y tener una actividad para cuando salgan en libertad”, cuenta la dragoneante.

Paola Prado, dragoneante del INPEC es #UnaMujerW.