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Fernando de la Rúa, el expresidente que se vio empañado por corrupción y crisis económica

El fallecido expresidente era percibido como un político sobrio y muy respetado, pero un escándalo de corrupción que estalló en el año 2000 fue el principio del fin de su gobierno.

Los expresidentes de Argentina Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Foto: Agencia Anadolu

Después de estar varios meses internado como consecuencia de problemas cardíacos y renales, este martes falleció Fernando De La Rúa, presidente de la República Argentina entre diciembre de 1999 y diciembre de 2001.

Sus restos serán velados este martes en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación y el presidente Mauricio Macri decretó tres días de duelo nacional.

En su momento, fue considerado por muchos el dirigente más preparado para gobernar el país, y quizá por eso llegó al poder como una gran esperanza, como una persona que venía a terminar con la corrupción del gobierno de Carlos Menem.

Antes de llegar a la presidencia, había sido jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y tuvo una vasta trayectoria como senador nacional. “Un dirigente bien intencionado, una buena persona”, declaró Macri en el acto del 9 de julio por el Día de la Independencia. La muerte de De la Rúa coincidió con este día patrio.

Paradójicamente, De la Rúa iba a quedar marcado por una de las peores crisis política, social y económica que le tocó atravesar a la Argentina desde la vuelta a la democracia en 1983, y que lo obligó a renunciar dos años después de haber asumido la presidencia.

Por eso su fracaso probablemente haya sido la mayor desilusión de todos los sectores opositores al peronismo, sobre todo de gran parte de la clase media, y fue lo que decretó el fin de su carrera política.

Su trayectoria

De la Rúa nació en la provincia de Córdoba el 15 de septiembre de 1937. Allí vivió toda su infancia y adolescencia, y estudió abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se graduó a los 21 años con las mejores calificaciones.

Su trayectoria política comenzó dentro de la Unión Cívica Radical (UCR), hasta que se mudó a Buenos Aires, en 1963, para ser asesor jurídico del Ministerio del Interior.

Diez años más tarde llegaría a la Cámara de Senadores de la Nación y competiría en las elecciones presidenciales como vicepresidente de Ricardo Balbín, contra la fórmula integrada por Juan Domingo Perón y su esposa, María Estela Martínez, que se impondría con más del 60% de los votos.

Años más tarde su actividad política se detendría debido a la dictadura militar que se extendió desde 1976 hasta el retorno de la democracia, en 1983. Ese año quiso ser candidato a ocupar la Casa Rosada por la UCR, pero en la votación interna del partido perdió contra Raúl Alfonsín, quien luego sería presidente.

De todas maneras, De La Rúa volvería a ser senador nacional por la Capital Federal y fue presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales. Allí, fue autor de leyes importantes como la de habeas corpus, la ley contra la discriminación de las personas y la del trasplante de órganos, entre otras.

En 1991, volvió a ganar en la Ciudad de Buenos Aires, aunque esta vez como diputado nacional, para un año más tarde volver a la Cámara de Senadores.

Gracias a la reforma constitucional de 1994 la Ciudad de Buenos Aires pasó de ser un municipio a transformarse en ciudad autónoma, lo cual le permitió a De la Rúa dar el salto en las elecciones de 1996 y pasar a ser jefe de gobierno de la capital porteña.

La jefatura de la capital le dio, además, herramientas para forjar su candidatura presidencial de cara a las elecciones de 1999. Así, construyó la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación, un frente político integrado por la UCR y por el Frente País Solidario (Frepaso), un partido peronista en contra de Menem.

De la Rúa triunfaría en la votación interna de la alianza y llevaría como vicepresidente al peronista disidente Carlos ‘Chacho’ Álvarez. Esta fórmula se impondría por casi el 50% de los votos en las elecciones presidenciales de octubre, frente al 38% obtenido por los peronistas Eduardo Duhalde y Ramón ‘Palito’ Ortega.

Los conflictos de su presidencia y su renuncia

Fernando De La Rúa era percibido como un político sobrio, muy respetado y con credenciales académicas que lo respaldaban. De hecho, su campaña había puesto el foco en contrastar sus cualidades con la frivolidad y la corrupción de la década de gobierno menemista.

Por ese motivo, un escándalo de corrupción que estallaría en el año 2000 sería el principio del fin de su gobierno. El caso fue popularmente conocido como ‘las coimas en el Senado’ e implicaba sobornos a senadores para aprobar una ley de reforma laboral que generaba rechazo entre muchos sectores de la sociedad.

Este golpe político terminó con la renuncia del vicepresidente Álvarez, quien pidió que se investigara de dónde salía el dinero de los sobornos, mientras que De La Rúa negaba cualquier tipo de relación con los hechos.

A partir de allí, la imagen del entonces presidente comenzó a deteriorarse de forma precipitada, así como la de la alianza gobernante, que fue sufriendo fracturas internas que el peronismo opositor supo capitalizar.

La economía tampoco le jugó a favor, ya que no pudo revertir el déficit fiscal heredado del gobierno anterior, que se combinaba con altos niveles de endeudamiento y caída de la actividad económica.

En pos de equilibrar las cuentas públicas, el ministro de Economía, José Luis Machinea, aumentó los impuestos, lo cual afectó a varios segmentos de la sociedad y desemboco en su renuncia, en marzo del 2001.

De la Rúa reemplazó a Machinea por su ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, quien propuso bajar el gasto público, medida que provocó una oposición prácticamente total del sindicalismo y de otros sectores, por lo que tuvo que renunciar a pocos días de haber asumido el cargo.

Finalmente, el mandatario decidió convocar al exministro de Economía de Menem, Domingo Cavallo, quien también intentó sin éxito equilibrar las cuentas fiscales. La confianza en el gobierno ya estaba perdida y ni la sociedad ni los mercados preveían un desenlace positivo.

En aquel momento en Argentina regía la ley de convertibilidad, por la cual un peso argentino equivalía a un dólar, y hacia fines de 2001, ante una economía ya muy endeble, comenzaron a multiplicarse los retiros de dinero de los bancos.

Con el objetivo de frenar los retiros de dinero, Cavallo puso en marcha el popularmente llamado “corralito”, con el cual se restringió el retiro de dinero en efectivo de los bancos, decisión que aumentó el malestar general y que derivaría en una crisis social.

Se empezaron a presentar saqueos, principalmente a supermercados y locales comerciales, y las manifestaciones en las calles se profundizaron. Como consecuencia, De La Rúa declaró el Estado de Sitio el 19 de diciembre de 2001, pero esto no hizo más que agravar la situación social que se vivía en las calles.

La crisis política había derivado en una crisis económica y social, que impactó principalmente la clase media y baja del país, que no podía acceder a sus depósitos bancarios y se encontraba en medio de una estrepitosa caída de la actividad económica.

Las protestas y enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad fueron en aumento y provocaron la muerte de 36 personas en todo el país. Un día más tarde, De la Rúa debió renunciar e irse en helicóptero de la Casa Rosada, ante una situación que era incontrolable.

Esta fue la primera vez en Argentina en la que un gobierno terminó de manera violenta, pero sin la intervención de los militares. Desde la aparición del peronismo, en la década del 40, hasta hoy, ningún presidente argentino no peronista elegido democráticamente pudo concluir su mandato.

En declaraciones a los medios posteriores a su partida, el expresidente acusó a la oposición de “inventar” los sobornos en la Cámara de Senadores con el objetivo de ensuciar a su gobierno. Además, hizo hincapié en que el Fondo Monetario Internacional decidió no ayudar a resolver la deuda externa del país.

Según De La Rúa, la caída de su gobierno se debió esencialmente a la falta de ayuda de organismos internacionales y a “un golpe del peronismo” generado por Eduardo Duhalde de la mano de sindicatos y grupos empresariales.