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Indígenas y campesinos se unen para luchar contra el cambio climático en el Caquetá

Problemas de linderos, ganadería extensiva y mal manejo de recursos hídricos son algunos de los conflictos ambientales que habitantes y vecinos del resguardo coreguaje han resuelto

Indígenas y campesinos se unen para luchar contra el cambio climático en el Caquetá. Foto: Agencia Anadolu

Los coreguaje o 'Hijos de la tierra' son uno de los ocho pueblos que coexisten en el departamento del Caquetá y sus resguardos suman un total de 15.757 hectáreas. 

Para llegar a esta comunidad desde Bogotá, hay que tomar un avión hasta la capital del departamento, Florencia, después tomar un vehículo al corregimiento de La Venecia, y posteriormente una lancha en un recorrido de tres horas por el río Orteguaza, que desemboca finalmente en el río Caquetá.

Estos cauces, además del río Peneya, son las barreras naturales que protegen al resguardo en un departamento que es una de las puertas de entrada a la Amazonia y que vio desaparecer 46.765 hectáreas de bosque en 2018, liderando la desafortunada lista de deforestación a nivel nacional. 

En alianza con la Fundación Gordon y Betty Moore de Estados Unidos, The Nature Conservancy (TNC) con el apoyo de la Fundación Tropenbos Colombia, se empezó a implementar programas de fortalecimiento de capacidades en esas comunidades indígenas y sus vecinas campesinas, cuya identidad está ligada a los bosques que habitan. 

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“Esto nace de la construcción de los planes de manejo de las comunidades indígenas y de las agendas ambientales de los campesinos. Allí se verificaron que había conflictos entre ambas comunidades y se crearon estrategias de resolución de conflictos ambientales, principalmente”, dice Isai Victorino, especialista de comunidades indígenas y locales en TNC.

La labor no fue sencilla. Había algo de escepticismo ya que la forma de vida de los campesinos es vista como un producto de la economía extractivista que tanto daño le ha hecho a la selva, mientras que estos últimos entendían a los resguardos como los únicos destinatarios de los recursos de transferencias.

“Cuando llega la colonización entramos en otra etapa, vienen los recuerdos tristes: mucha coca, muchas armas que yo no conocía, guerra que no se veía anteriormente, los jóvenes se fueron al monte a tomar armamento, luego la guerra fue por el aire (glifosfato); no podíamos ir a cazar ni de noche ni de día” dijo T. Gasca, indígena del resguardo El Diamante, en uno de los primeros talleres realizados por TNC.

Uno de los temas que ha afectado mucho nuestro resguardo es la ganadería. Hemos vivido resistiendo. Alguna vez hasta dijimos vamos a matar esos animales, vamos a matar cinco animales y el dueño no tiene derecho a decir nada”, espetó Gasca.

Al álgido asunto de la ganadería, se sumaron problemas como la amenaza que representa la operación de empresas de hidrocarburos, la cacería con perros por parte de los campesinos, la politiquería en los resguardos en tiempos de elecciones, la deforestación y la demarcación de las fronteras.

Después de actividades donde también se recorría y reconocía el territorio, ambas comunidades entendieron que no buscaban metas tan diferentes como pensaban y que en realidad sus problemas eran compartidos.

¿Cuántos millones de las regalías han beneficiado a los núcleos veredales o a los resguardos? Nosotros tenemos que sanar estos conflictos pequeños que tenemos para poder parar con monstruos enormes”, afirmó Gasca.

Román Gaitán de la vereda Combeima, expresó que sus hijos estudian en un resguardo indígena, “comparten la educación. Cómo aprenden los indígenas, aprenden los mestizos”.

“Hay que reconocer que culturalmente los campesinos somos diferentes. El olvido del Estado nos obligó a deforestar porque para acceder a un crédito para comprar una vaca le preguntaban a uno ¿cuántas hectáreas de pasto tiene? Hoy en día vivimos del queso pero para tener pasto, tenemos que tumbar árboles”, afirmó Octavio Cuéllar de la vereda Aguas Claras.

En septiembre de 2019 y después de reconciliar diferencias y reconocer el vínculo alrededor de la tierra que habitan, las comunidades lograron firmar tres acuerdos de enfoque comunitario para el manejo medioambiental de la zona y se crearon comités para hacer seguimiento a las actividades propuestas.

Los coreguaje entendieron que pueden confiar en los campesinos para cuidar de la selva, mientras que los campesinos reconocieron que los indígenas cuentan con un conocimiento profundo del bosque. “Cuando uno va a cazar no cogen ni un zancudo. Cuando los indígenas talan un árbol no salen lastimados mientras que entre los campesinos, los accidentes de esa naturaleza son comunes”, fueron algunas de las conclusiones de los encuentros que ahora se hacen semestralmente.

El dictamen que Gaitán, el hombre de Combeima, está a punto de dar, merece ser oído no sólo en el Caquetá sino a lo largo del territorio nacional. “Mirando nuestro mapa vemos que nosotros tenemos un privilegio frente a los otros territorios, y que estamos rodeados y rodeando a los indígenas; tenemos una amistad con nuestros vecinos”.

Hasta el momento, TNC ha impactado a 18 resguardos, 120 líderes indígenas y 50 campesinos, mientras espera replicar este proceso en otras comunidades del país.