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Con Vicky Dávila


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Relatos de tres víctimas que llegaron a alcaldes de sus municipios en Boyacá

A partir de la década de los 80 los municipios de Pajarito, San Eduardo y Páez fueron epicentro de fuertes confrontaciones armadas.

El alcalde de Pajarito, Inocencio Pérez confiesa que: “lamentablemente por la guerra no pude terminar siquiera el bachillerato”.. Foto:

Dumar Fabian Lozano Vargas todavía recuerda como a finales de la década de los 90 los paramilitares amarraron a más de 20 o 30 personas a los postes de la luz, y allí los dejaron todo el día. “A los dueños de las tiendas les saqueaban la comida, (…) posterior a esos días los tenderos se iban a traer sus alimentos, lastimosamente no llegaban a la inspección”.

Lozano Vargas desde muy pequeño observó la guerra y hoy es el alcalde de su municipio: Páez, Boyacá. Dice que, en dicha zona, existen dos centros poblados: Sirasí y Ururía, en donde en uno tenía el poder el paramilitarismo y en el otro la guerrilla.

En el año de 1998 durante una incursión de las Farc murieron varios soldados y luego se refugiaron en el piedemonte llanero, “cuando se iba la guerrilla, llegan los paramilitares quienes los acusaban de tener relación con la insurgencia. Ambos grupos reclutaban”.

En la época, Páez tenía una población de 8000 habitantes, y en la actualidad cuenta con 3000, de ellos el 50 por ciento son víctimas de la violencia. “Tengo en mi mente muchos familiares, amigos que murieron en ese entonces”.

Después de tanto dolor y muerte, el alcalde Lozano Vargas, en medio de un auditorio repleto de estudiantes de la Universidad Santo Tomás de Tunja asegura que el proceso de paz en el 2004 con los paramilitares los liberó de todo el paramilitarismo y después el acuerdo con la guerrilla consolidó la tranquilidad a su pueblo. “Hoy podemos decir que Páez es uno de los municipios que no tiene homicidios desde hace 5 años”.

  • En Pajarito la Fuerza Pública tenía que cerrar la carretera a las 6 de la tarde

Otro relato de las historias que no se habían contado al país sobre el conflicto en Boyacá, es la que cuenta el alcalde de Pajarito, Inocencio Pérez quien confiesa: “Lamentablemente por la guerra no pude terminar siquiera el bachillerato”.

Después del desplazamiento Pérez buscó otros horizontes, se formó como líder para volver a su pueblo con el fin de ayudar en diferentes sectores, pero en su mente estaba presente sus amigos que se devoró el conflicto. “Fue muy triste ver como a los compañeritos de la época les mataron sus padres. Unos huyeron y otros se fueron en sed de venganza a los grupos ilegales y nunca volvieron”.

Era tan dura la guerra en su municipio que a las 6 de la tarde la Fuerza Pública tenía que cerrar la vía, la noche era peligrosa sobre todo en la zona limítrofe con Casanare. “Las personas de Pajarito no podían bajar hacía Aguazul porque allí estaban los paramilitares y en un sitio que le decían La Cascada se llevaban las personas y más nunca volvían”.

Narra que la violencia les arrebató el 50 por ciento de la población a Pajarito por el desplazamiento forzado y desapariciones; de 3000 habitantes que tenía el municipio se redujo a 1800, sin embargo, el alcalde cree en la educación es el arma para superar el miedo y la guerra.

- El asedio de los grupos ilegales la pesadilla de los niños en la década de los 90 en San Eduardo

La alcaldesa de San Eduardo, Boyacá, María Elisa Montañez Parra no olvida el día en que un guerrillero de las Farc le puso en la cabeza una pistola. “Había un pelado joven, y le dije: déjeme ir porque yo le estoy dando pecho a mi hijo. Me dijo: no, usted se queda aquí, y me puso un revolver en la cabeza, recuerdo el arma.

Pero la pesadilla de la alcaldesa Montañez Parra, comenzó tiempo atrás cuando de estudiante tenía que caminar hasta tres horas para poder ir al colegio, y en ese recorrido junto a sus compañeros tenían que sufrir el asedio de los ilegales que les pedían se uniera a sus filas.

“Unas compañeritas mías no sabemos si están muertas o vivas, se fueron”. La guerrilla asediaba todo el tiempo el municipio, tiraba granadas a la casa municipal, secuestraban y extorsionaban porque no había nadie que nos ayudara”, cuenta.

Un día la población se cansó de la guerrilla

La población civil cansada de tanto asedió se llenó de valor cogió pico y palas las mujeres, los hombres y el párroco les dijeron a las Farc no más, sin embargo, con el tiempo llegaron los paramilitares que después se enteraron a donde la guerrilla había visitado familias campesinas.

“Los paramilitares cometieron muchas atrocidades. Una familia completa en la vereda La Libertad, cuatro hermanos, de la forma más vil.  (…) Tengo una hermana menor a ella se la querían llevar, pero mi papá se llenó de valor y la llevó para que no se la reclutaran”, recuerda la alcaldesa.

María Elisa reconoce que los procesos de paz con los paramilitares y las Farc también trajeron mejores tiempos para su pueblo a pesar que de 4800 habitantes quedaron 1000. “Para nosotros llegar a la casita y poder dormir tranquilo no tienen nombre, para la gente del campo es algo muy valioso”.

Lo que más destaca la mandataria de San Eduardo de la implementación de los acuerdos de La Habana, es ver a guerrilleros graduados de bachilleres y otros son profesionales.

“Mil y mil veces es mejor verlos con un título de la academia y no con un fusil”, dice la alcaldesa mientras el auditorio de la Santo Tomás de Tunja aplaude.