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Relato de un enfermero que duró 32 días en una UCI en Tunja

Cuenta que por momentos escuchaba los partes médicos, y llegó a pensar que no iba a ganar la batalla contra el COVID-19.

La ocupación de las UCI en Boyacá llegaron al 85,8%. . Foto: W

En la capilla del hospital San Rafael de Tunja, esta arrodillado y orando el auxiliar de enfermería y camillero Fabián Andrés Ávila Murillo, agradeciendo su victoria contra el coronavirus, luego de 32 días en una Unidad de Cuidado Intensivo (UCI) en la clínica María Josefa Canelones en Tunja.

Ávila Murillo no sabe cómo ni cuándo se contagió, pero si tiene la certeza que fue trasladando pacientes durante duras y largas jornadas.

“Comencé con los síntomas: una gripa, malestar general, me dolieron las articulaciones, comencé a presentar fiebre y vómito”, cuenta el profesional de la salud que dice reportó de su situación al hospital y de allí lo trasladaron a la Clínica María Josefa Canelones donde ingresó con falta de oxígeno, le hicieron la prueba con resultado positivo.

En lo corrido de la pandemia, de acuerdo al último reporte de la Secretaría de Salud de Boyacá, 1.473 profesionales de la salud resultaron contagiados, de ellos 433 son auxiliares de enfermería como Fabián Andrés.

En el lapso en que estaba dormido y despierto en la UCI, dice Andrés, escuchaba el diagnóstico de los doctores que, en vez de ir avanzando en su recuperación, estaba retrocediendo.  

“Hubo un momento en que los médicos dijeron: si no evolucionaba pues, ya no podían hacer más nada, porque ya tenía una dosis de antibiótico muy fuerte”, narra.

Cuenta que, en medio del delirio, se vio caminando por un sendero y al intentar ingresar a un bosque, una voz le dijo que retrocediera y no entrara.

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“Me decía que si entraba no podría regresar. (…) Porque tenía un propósito en esta tierra, y cuando terminara mi propósito podía ingresar a ese bosque”, cuenta.

Andrés necesitaba sangre, mientras estuvo en la UCI, pues no tenía ni glóbulos, ni plasma, ni plaquetas. “Por las redes sociales hicieron un llamado que por favor las personas colaboraran en venir a donar sangre”.

Cuando lo lograron estabilizar, unos días después vio a su familia, agradeció a los médicos y a sus compañeros del hospital San Rafael de Tunja por la cadena de oraciones.  

“Las secuelas que me dejó el COVID-19, me duelen muchísimo los pulmones en la parte del pecho, tuve laceraciones en la cabeza y los labios”, dice.

Fabián Andrés quiere seguir capacitándose y trabajando como profesional de la salud. “Es algo que me gusta muchísimo, una vocación que me nace del corazón. Colaborar a las personas, y quiero esta institución (Hospital San Rafael de Tunja) como si fuera mi segunda casa”.

Según reporte de la Secretaría de Salud departamental a la fecha, la ocupación, de las UCI en Boyacá, llegó al 85,8%.

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